Quema el café la bondad que enmascaras con tu discurso y corroe el frío de los pasos que te alejan de mi balcón, tu mentira... ama y desarma.
Sella la cúpula, no dejes entrar una gota de sentimiento, que no suene la bisagra de la puerta esta vez, y si la rompes... ama y desarma.
La borra avienta a tu cara, estrépitos de surcos, vías y malezas donde anduvieron tus pasos. El silencio insoportable y tu espejo empañado... ama y desarma.
Siente el escalofrío que tus sollozos alcanzan y tensan el latido del motor, miel amarga, blanco y negro, la pasión, lo imposible y el recurso... ama y desarma.
Dejate convencer por lo inaudito de tu llanto, cuando recuerdas que el afán de olvido, sólo nutre tu memoria, y te llena de vacío, el oximorón de tu elección... ama y desarma.
Busca en las fotos tus alas de Ícaro, violines de algarabía resuenan en el camino que se abre, decidido y no tanto a ver qué descubres. Ulises no olvida, aunque al final de la partida todo pasa, todo llega... ama y desarma.
Luchas, tormentos, anocheceres y amaneceres inconclusos, desvelos, erices o néctares de lo dulce y difícil que es vivir, son los que comparto a continuación. Como aquellos que leyeron su porvenir en la Borra, a veces miramos el fondo del vaso o de la taza, con la esperanza de encontrar allí aquello que perdimos, aquello que anhelamos encontrar, la clave para vivir, o simplemente algo que pueda darnos una respuesta a eso que nos aqueja, pero que sin duda significa asumir el riesgo de vivir…
jueves, 18 de abril de 2013
miércoles, 3 de abril de 2013
Carta de Antaño
Hola, como estas?
Hace tiempo quiero saber de vos y no me armaba de coraje para escribirte... he comenzado esta carta una y otra vez sin saber cómo encabezarla y el resultado era siempre el mismo... me echaba a reír como lo hacía contigo cuando ya no queríamos hablar.
Mis cosas van bien, aunque aún me duele en los zapatos cada lunes, y los calambres que me genera la rutina hace añicos mi reloj. Ayer almorcé la tarta que preparabas, recuerdas? sabía desabrida, sin embargo la gracia que despertó en mí el hecho, hizo que obviara el mal gusto. En el camino de regreso a casa, compre ese sándwich que tanto relamías en tu boca, mientras sus sabores jugaban en tu paladar.
Hoy te vi en la repisa del living, justo al lado de tus libros de Neruda, Cortazar y Coelho. Hablabas desde la fotografía que te tomé en la que brillaba el mar a tus espaldas... en la que ardía el sol en tus labios, y yo escuchaba atento tus relatos... (sic) debo estar volviéndome loco. El caso es que te echo de menos y cuando siento que estas allí, detrás de la puerta del cuarto, te dedico unos versos, o como ocurrió hoy, un concierto.
Aún debo limpiar la arena que encontré en mis zapatos esta mañana, sorpresa la mía, imaginarás, si hace un año no camino por la playa debajo del muelle. Luego de ello, no me resulto extraño escuchar tu voz o las canciones que fueron el manto de aquella tarde de lluvia, sonar en las caracolas que adornan la sala.
Se dibuja una sonrisa ahora en mi rostro y sé que si llega a tus manos mi escrito, ocurrirá lo mismo. Sin embargo, debo ofrecer un reparo a la incertidumbre...
A pesar que el mar no lleve la botella que porta esta carta hasta tu puerta, y a pesar que la brisa que empuja las hojas de este otoño no forme las olas que besaron tus pies, me queda el alivio de saber que en algún lado, donde quiera que estés, cuando no estás conmigo... estás sonriendo.
Hace tiempo quiero saber de vos y no me armaba de coraje para escribirte... he comenzado esta carta una y otra vez sin saber cómo encabezarla y el resultado era siempre el mismo... me echaba a reír como lo hacía contigo cuando ya no queríamos hablar.
Mis cosas van bien, aunque aún me duele en los zapatos cada lunes, y los calambres que me genera la rutina hace añicos mi reloj. Ayer almorcé la tarta que preparabas, recuerdas? sabía desabrida, sin embargo la gracia que despertó en mí el hecho, hizo que obviara el mal gusto. En el camino de regreso a casa, compre ese sándwich que tanto relamías en tu boca, mientras sus sabores jugaban en tu paladar.
Hoy te vi en la repisa del living, justo al lado de tus libros de Neruda, Cortazar y Coelho. Hablabas desde la fotografía que te tomé en la que brillaba el mar a tus espaldas... en la que ardía el sol en tus labios, y yo escuchaba atento tus relatos... (sic) debo estar volviéndome loco. El caso es que te echo de menos y cuando siento que estas allí, detrás de la puerta del cuarto, te dedico unos versos, o como ocurrió hoy, un concierto.
Aún debo limpiar la arena que encontré en mis zapatos esta mañana, sorpresa la mía, imaginarás, si hace un año no camino por la playa debajo del muelle. Luego de ello, no me resulto extraño escuchar tu voz o las canciones que fueron el manto de aquella tarde de lluvia, sonar en las caracolas que adornan la sala.
Se dibuja una sonrisa ahora en mi rostro y sé que si llega a tus manos mi escrito, ocurrirá lo mismo. Sin embargo, debo ofrecer un reparo a la incertidumbre...
A pesar que el mar no lleve la botella que porta esta carta hasta tu puerta, y a pesar que la brisa que empuja las hojas de este otoño no forme las olas que besaron tus pies, me queda el alivio de saber que en algún lado, donde quiera que estés, cuando no estás conmigo... estás sonriendo.
viernes, 29 de marzo de 2013
Viernes 6 AM.
Mese tu cama el rocío de la noche. La ciudad la ilumina en tu nombre, sin saber lo que sueñas... acercas la curva de tu espalda a mi lado, yo te miro y maldigo a Freud y Lacan, tu sostienes y exhalas el aire con el que vivo... quién sabrá verte dormir y ver en vos una obra de arte...
Conservas mis sueños en tu vientre, escondes música en tus bostezos... ironía sería llamar pecado al divino encuentro que me tienta. En el que se funden nuestros pies con la sabana, y ponemos en acto lo que algunos llaman amor y yo ya no se cómo llamar.
El mate espera la hora de besarte con su amanecer, y con la culpa de despertarte de ese sueño en el que emprende vuelo tu imaginación...
Guardo en tu ombligo mi esperanza, la fuerza para ver el sol del amanecer que te amenaza con bocinas y vaticina con el canto de gorriones. Yo espero estar a la altura de tus besos al momento en que abras los ojos...
Caen las barreras y fronteras de la utopía, que encontré en lo eterno de la mancha que acaricia tu cadera, que me hace perder los sentidos... ahí donde termina el laberinto de tu pelo que le da color a las hojas de este otoño menguante...
Ya son las siete. La luz ingresa por nuestra persiana, la luna quiere ser testigo de la maravilla, Aurora te sonríe, yo tengo que seguir trabajando.
Mi caricia en tu mejilla o mi beso en tu frente son los cuentos con los que te despierta Scherezade... no se si es tarde o temprano, si despertarte o seguir viendo... si vivo para verte dormir, o duermo para verte vivir, también en mis sueños.
Se detiene el tiempo, frunces el ceño, abres los ojos... yo vivo.
Conservas mis sueños en tu vientre, escondes música en tus bostezos... ironía sería llamar pecado al divino encuentro que me tienta. En el que se funden nuestros pies con la sabana, y ponemos en acto lo que algunos llaman amor y yo ya no se cómo llamar.
El mate espera la hora de besarte con su amanecer, y con la culpa de despertarte de ese sueño en el que emprende vuelo tu imaginación...
Guardo en tu ombligo mi esperanza, la fuerza para ver el sol del amanecer que te amenaza con bocinas y vaticina con el canto de gorriones. Yo espero estar a la altura de tus besos al momento en que abras los ojos...
Caen las barreras y fronteras de la utopía, que encontré en lo eterno de la mancha que acaricia tu cadera, que me hace perder los sentidos... ahí donde termina el laberinto de tu pelo que le da color a las hojas de este otoño menguante...
Ya son las siete. La luz ingresa por nuestra persiana, la luna quiere ser testigo de la maravilla, Aurora te sonríe, yo tengo que seguir trabajando.
Mi caricia en tu mejilla o mi beso en tu frente son los cuentos con los que te despierta Scherezade... no se si es tarde o temprano, si despertarte o seguir viendo... si vivo para verte dormir, o duermo para verte vivir, también en mis sueños.
Se detiene el tiempo, frunces el ceño, abres los ojos... yo vivo.
domingo, 24 de marzo de 2013
Sobrevivir al Domingo
Tarde de domingo, frío y gris augurio en el que inmolo mi alma, en que se une con el opaco cielo con el que me viste el otoño, que tiñe de amarillo las hojas que cubren el camino que divide tus besos de mi boca.
Domingos asesinos, me arrojan en la cara a cuentagotas los segundos y los metros que separan esa mirada que abraza cada uno de los rincones de mi alma, que alimenta de pasiones los intersticios de la sala en la que bebo este café, sin saber cuál de los dos está ausente.
La marca de tu cuerpo sobre el sillón, anuncia lo inútil del olvido, y vuelco en el café, tanto whisky como recuerdos de tus manos sobre mi se acercan.
Y te sientas a mi lado, lees conmigo el libro que escribimos, reposas tu cabeza en mis piernas y el techo desaparece, vuelan tus sueños en la estela de mi estrella polar...y le hablo a tu sombra de mi vida sin vos... y le pido que te quedes...coraza melancólica de mi absurda negación.
Y el domingo me aniquila sin tu risa resonante en mi alcoba... sólo quedate conmigo y sólo eso... quizás entiendas que no quiero que te duermas, hoy no quiero ni tus labios... sólo roba el veneno de mi café, no lo lleves hacia el centro.
No se trata realmente de convencerte que te quedes o me quieras, sino algo más profundo... será llegar a vos y convencer que seas la balsa que me ayude en el naufragio.... que me saques de esta rutina, que llena de calambres e injusticias cada lunes mis zapatos, eso que llamamos vida... es una invitación a que pases conmigo el invierno, levantando de los tropiezos con tus manos llena de esperanzas e ilusiones... que no podré entregarme menos a ti, que en este moribundo dominguicidio al que me someto, con tanto olvido de mí mismo, con tanto de tu aire en mis poros.
Así deseo vivir y sobrevivir, a pesar de este café, a pesar de este domingo...otra semana...contigo.
lunes, 11 de marzo de 2013
Sólo Un Suspiro
Sólo un suspiro...sólo eso...
Sólo eso duró tu mano rozando mi mejilla, tus labios colándose en mi cuello, tus iris amaneciendo en mis sabanas...sólo eso.
Largo tiempo y tempestades, naufragué como Simbad, largas horas de deshonra, temores que vuelven golpeando fuerte a mi puerta... miro el balcón, la sala, y no encuentro salida...
Y fue sólo un suspiro, el mismo que hizo falta para beber del manantial de tu cuerpo, la infinita paz que hallé en tu cadera, cada vez que me ahogaba, cada vez que me asfixiaba en tus besos, allí encontré la base donde reposaron mis anhelos
Pero fue sólo un suspiro el que te llevó marcharte, sólo eso y yo... estúpido, recibo a martillazos la estela de tu partida, y las paredes se achican, como mi espacio...no tengo tu cadera, no tengo tu suspiro...ni tu eco, que golpea mi cabeza contra la pared.
Y mi estupidez, mis temores y miedos hacen de mi su juglar, y clavan en mí, los puñales de la culpa insoportable con la que vivo por tu sollozar...y no hay suspiro que lo apañe.... y yo, cambiaría todos esos cuchillos en mi mente, por tantos alfileres como lágrimas derramaste durante aquel suspiro, que llenó de cenizas la litera, y amargó todo mi mundo.
Daría, si éste fuera, aunque tan corto, mi último suspiro, todo de mí por menguar tu pena, recibir tu abrazo, alegar a cada uno de los testigos de tu discurso, reflorar la esperanza con la que he vivido tenue, pese al miedo...
...Aunque fuera un último suspiro, y sólo eso...soltarlo a tu oído...
Sólo eso duró tu mano rozando mi mejilla, tus labios colándose en mi cuello, tus iris amaneciendo en mis sabanas...sólo eso.
Largo tiempo y tempestades, naufragué como Simbad, largas horas de deshonra, temores que vuelven golpeando fuerte a mi puerta... miro el balcón, la sala, y no encuentro salida...
Y fue sólo un suspiro, el mismo que hizo falta para beber del manantial de tu cuerpo, la infinita paz que hallé en tu cadera, cada vez que me ahogaba, cada vez que me asfixiaba en tus besos, allí encontré la base donde reposaron mis anhelos
Pero fue sólo un suspiro el que te llevó marcharte, sólo eso y yo... estúpido, recibo a martillazos la estela de tu partida, y las paredes se achican, como mi espacio...no tengo tu cadera, no tengo tu suspiro...ni tu eco, que golpea mi cabeza contra la pared.
Y mi estupidez, mis temores y miedos hacen de mi su juglar, y clavan en mí, los puñales de la culpa insoportable con la que vivo por tu sollozar...y no hay suspiro que lo apañe.... y yo, cambiaría todos esos cuchillos en mi mente, por tantos alfileres como lágrimas derramaste durante aquel suspiro, que llenó de cenizas la litera, y amargó todo mi mundo.
Daría, si éste fuera, aunque tan corto, mi último suspiro, todo de mí por menguar tu pena, recibir tu abrazo, alegar a cada uno de los testigos de tu discurso, reflorar la esperanza con la que he vivido tenue, pese al miedo...
...Aunque fuera un último suspiro, y sólo eso...soltarlo a tu oído...
domingo, 3 de marzo de 2013
Crónica Nocturna
Apareces a mi puerta y tu vestido a media hasta deja caer el cincel con el que los Dioses tallan tu cuerpo. Llega a mi boca tu agua y disuelve temores en mares de espanto, prendida la llama consume en mi hoguera, el colapsante ruido de las manivelas del reloj... no llegas a mi, aún.
Acercas tu paso y rumiantes mis dedos dibujan las lineas de tu boca, mientras devora la luz, el brillo de tu noche, la alondra de tu cielo...no hace falta llegar al beso para estremecer la ruta que recorro desde tus tobillos, ascendiendo a tu rodilla, sofocándome en tu muslo...y llego a la curva de tu espalda con mi lengua de serpiente saboreando los fulgores que ahí anidan como aromas que se clavan en mi paladar. Y escucho el jadeo en tu susurro...respiro tus sales para continuar mi recorrido, sube la temperatura y sube mi boca hacia la cumbre de tus hombros...
Se desguarece tu cuello, dulce lámina cristalina que desemboca en tus pechos, y aparece como oasis que extasiado me decido a probar, mientras no dejo de mirar tus ojos en penumbra y mi tacto...mi tacto comienza a surtir efecto en tu pulso y que eleva su ritmo como tu pelvis en semifusas, eros intrusivo... mi pulgar estrepitoso, marca tu silencio y atormenta tu calma.
Continuo mi proeza, ahora en descenso rumbo a tu ombligo, tu centro... y soy el río, que fluye entre tus manos y se escurre en tu cuerpo para llegar a esa mancha que es punto de llegada y punto de partida...causa y efecto...el vidrio empañado y las marcas de tus manos allí grabadas.
Me decido a besarte, y es este instante, en que tu boca, trémula, impaciente y pronta a marchitarse, humedece todos mis poros... claudican las pieles.
...El fuego...el fuego es todo lo que somos.
Acercas tu paso y rumiantes mis dedos dibujan las lineas de tu boca, mientras devora la luz, el brillo de tu noche, la alondra de tu cielo...no hace falta llegar al beso para estremecer la ruta que recorro desde tus tobillos, ascendiendo a tu rodilla, sofocándome en tu muslo...y llego a la curva de tu espalda con mi lengua de serpiente saboreando los fulgores que ahí anidan como aromas que se clavan en mi paladar. Y escucho el jadeo en tu susurro...respiro tus sales para continuar mi recorrido, sube la temperatura y sube mi boca hacia la cumbre de tus hombros...
Se desguarece tu cuello, dulce lámina cristalina que desemboca en tus pechos, y aparece como oasis que extasiado me decido a probar, mientras no dejo de mirar tus ojos en penumbra y mi tacto...mi tacto comienza a surtir efecto en tu pulso y que eleva su ritmo como tu pelvis en semifusas, eros intrusivo... mi pulgar estrepitoso, marca tu silencio y atormenta tu calma.
Continuo mi proeza, ahora en descenso rumbo a tu ombligo, tu centro... y soy el río, que fluye entre tus manos y se escurre en tu cuerpo para llegar a esa mancha que es punto de llegada y punto de partida...causa y efecto...el vidrio empañado y las marcas de tus manos allí grabadas.
Me decido a besarte, y es este instante, en que tu boca, trémula, impaciente y pronta a marchitarse, humedece todos mis poros... claudican las pieles.
...El fuego...el fuego es todo lo que somos.
miércoles, 13 de febrero de 2013
San Valentín
Cada 13 de febrero, numerosas personas inclinan su camino hacia el bar más cercano para ahogar el desamor, la pena o congoja, por el día próximo en que los enamorados festejan su amor, que arremete contra esas almas solitarias, consumiendo las horas como el fósforo con su fuego.
Cada 14 de febrero, numerosas personas inclinan sus pasos para celebrar el júbilo que el amar con alguien significa. El día en que sus corazones ponen visten la mesa de champan y la algarabía por la que su historia se vuelve fiesta.
Pero, a veces me pregunto, ¿qué es el amor?... cada uno tiene su forma de concebir el amor, claro...pero de qué manera, por qué se esperan algunas fechas especiales en las que celebramos el amor...
Creo que amar es esa crisis que intentamos resolver o ese desafío que asumimos cuando decidimos compartir la vida (o parte de ella) con una persona en particular; eso que nos empuja hacia el miedo y que nubla de cobardía y dudas hasta el paisaje más claro... pero definitivamente, algo que merece la pena.
Sin embargo, a veces solemos escuchar frases como "soy todo lo que soy gracias a vos", "si tengo una luz es porque vos me la regalaste", como si uno construyera una nueva persona, ajena a aquella que conoció.
Es cierto...todos crecemos, y cuando estamos acompañados de alguien (quienquiera que sea), aprendemos a ver aquellas cosas que quizás permanecían ocultas a nuestros ojos... pero esa luz, eso que sos, tus alas, tu brillo, y todo aquello por lo que brindo hoy, hacen a tu esencia... y estúpido sería aprovechar el día para ponerme laureles que son sólo tuyos...
Pienso que el amor es cuando alguien es capaz de estremecer tus sentidos y calar hondo en tus huesos con sólo susurrar una palabra en tu oído... Mario Benedetti, certera, triste y preteritamente dijo: "Ella me daba la mano y no hacia falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido... Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano, y eso era amor".
El amor es aquello que enciende nuestra alma y la inunda de motivos; aquello que hace que el beso de la lluvia sea un abrazo al alma que nos incita a caminar bajo su manto; eso que congela nuestro aliento, que detiene el curso de la ciudad, que vive en la mancha de tu cadera, en la curva de tu espalda, en el primer abrir y cerrar de tus ojos... Por eso mi amor, no pierdas la calma, que Cupido llega con su flecha cada mañana, sin importar la fecha, clavando un motivo en mi pecho, por el que levanto la copa hoy mientras hueles la rosa con la que vestí la cama...todos los días son días de celebración, al fin y al cabo, amar, es asumir el reto de vivir, por mí, por vos...
Cada 14 de febrero, numerosas personas inclinan sus pasos para celebrar el júbilo que el amar con alguien significa. El día en que sus corazones ponen visten la mesa de champan y la algarabía por la que su historia se vuelve fiesta.
Pero, a veces me pregunto, ¿qué es el amor?... cada uno tiene su forma de concebir el amor, claro...pero de qué manera, por qué se esperan algunas fechas especiales en las que celebramos el amor...
Creo que amar es esa crisis que intentamos resolver o ese desafío que asumimos cuando decidimos compartir la vida (o parte de ella) con una persona en particular; eso que nos empuja hacia el miedo y que nubla de cobardía y dudas hasta el paisaje más claro... pero definitivamente, algo que merece la pena.
Sin embargo, a veces solemos escuchar frases como "soy todo lo que soy gracias a vos", "si tengo una luz es porque vos me la regalaste", como si uno construyera una nueva persona, ajena a aquella que conoció.
Es cierto...todos crecemos, y cuando estamos acompañados de alguien (quienquiera que sea), aprendemos a ver aquellas cosas que quizás permanecían ocultas a nuestros ojos... pero esa luz, eso que sos, tus alas, tu brillo, y todo aquello por lo que brindo hoy, hacen a tu esencia... y estúpido sería aprovechar el día para ponerme laureles que son sólo tuyos...
Pienso que el amor es cuando alguien es capaz de estremecer tus sentidos y calar hondo en tus huesos con sólo susurrar una palabra en tu oído... Mario Benedetti, certera, triste y preteritamente dijo: "Ella me daba la mano y no hacia falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido... Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano, y eso era amor".
El amor es aquello que enciende nuestra alma y la inunda de motivos; aquello que hace que el beso de la lluvia sea un abrazo al alma que nos incita a caminar bajo su manto; eso que congela nuestro aliento, que detiene el curso de la ciudad, que vive en la mancha de tu cadera, en la curva de tu espalda, en el primer abrir y cerrar de tus ojos... Por eso mi amor, no pierdas la calma, que Cupido llega con su flecha cada mañana, sin importar la fecha, clavando un motivo en mi pecho, por el que levanto la copa hoy mientras hueles la rosa con la que vestí la cama...todos los días son días de celebración, al fin y al cabo, amar, es asumir el reto de vivir, por mí, por vos...
lunes, 4 de febrero de 2013
Qué Miras Tras Tu Ventana?
Yo tan sólo miraba tras mi ventana, cuando la vi pasar caminando y se detuvo mi corazón. Nada supo de mi nostalgia ni mis tesoros escondidos... todo era para mí, la lluvia que regaba mis hombros encorvados, y mi cabeza mirando el suelo mientras pensaba llegar al fin del mundo para comenzar de nuevo.
Ella apareció, sin que incluso ella lo supiera, colmando de inspiración todo mi mundo cuando, al partir, me dio su beso puñalada, en la comisura de mis labios, burlándose de mi soledad.
Su simpática risa recorrió mi alba, y mis ojos se cerraban aun más fuerte que de costumbre, para que ninguna de las imágenes banales de la ruta distorsionara el recuerdo de su boca radiante y nochera...
Desayuno entre tanto con la foto que ha quedado bajo mis parpados, soñando ser la estrella que resista sus tormentas, que acompañe las clemencias, las dolencias y sus carcajadas... que le de una mano para conciliar el sueño.
Mi mundo, derrumbado hasta el momento, amalgama hoy la valentía y la luz que arde en mi pecho, el silencio que estallaba de mi boca y de la suya, la ciudad perpleja elevó su canto, esperando que su partida no sea tan lejana o por lo menos no muy larga.
Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias... y después de su huida, recorrer las mismas calles, pisar los mismos parques, no sería igual... y ella se sorprendería de saber que la casualidad jugó con nosotros, aun cuando pudo haber estado detrás del teléfono en alguna llamada por error, habernos encontrado frente a frente en alguna escalera, haber coincidido en el tacto de algún picaporte en la universidad.
Mientras que esa casualidad aun no está preparada para ser destino, me gustaría preguntarle, si pudiese llegar a su oído como la canción susurrada aquella noche... "qué miras tras tu ventana?" Si mientras lee esto se sonríe y se sonroja su piel...esa estrella no será fugaz.
Ella apareció, sin que incluso ella lo supiera, colmando de inspiración todo mi mundo cuando, al partir, me dio su beso puñalada, en la comisura de mis labios, burlándose de mi soledad.
Su simpática risa recorrió mi alba, y mis ojos se cerraban aun más fuerte que de costumbre, para que ninguna de las imágenes banales de la ruta distorsionara el recuerdo de su boca radiante y nochera...
Desayuno entre tanto con la foto que ha quedado bajo mis parpados, soñando ser la estrella que resista sus tormentas, que acompañe las clemencias, las dolencias y sus carcajadas... que le de una mano para conciliar el sueño.
Mi mundo, derrumbado hasta el momento, amalgama hoy la valentía y la luz que arde en mi pecho, el silencio que estallaba de mi boca y de la suya, la ciudad perpleja elevó su canto, esperando que su partida no sea tan lejana o por lo menos no muy larga.
Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias... y después de su huida, recorrer las mismas calles, pisar los mismos parques, no sería igual... y ella se sorprendería de saber que la casualidad jugó con nosotros, aun cuando pudo haber estado detrás del teléfono en alguna llamada por error, habernos encontrado frente a frente en alguna escalera, haber coincidido en el tacto de algún picaporte en la universidad.
Mientras que esa casualidad aun no está preparada para ser destino, me gustaría preguntarle, si pudiese llegar a su oído como la canción susurrada aquella noche... "qué miras tras tu ventana?" Si mientras lee esto se sonríe y se sonroja su piel...esa estrella no será fugaz.
lunes, 28 de enero de 2013
Tres
No contaba segundos en el reloj, no miraba impaciente sus agujas, solo marcaba mi ritmo, la dulce brisa de un verano, que yacía en mi alma, como una rola milonguera, mientras mis bostezos se ahogaban en el fondo de aquel vaso.
Mentiría si dijera que no recuerdo su cara, incluso después de dar tres vueltas al sol, pero lo más impactante fue su gracia y su risa, que llegaba a mis oídos, a pesar del alto volumen del tambor...
Ella bailaba y todos giraban a verla, quien fuera el dichoso que esperara tan ansioso que asomara, ese rostro en la cima de la torre, agraciado de nacer o despertarse, para mí sería lo mismo, al lado de ella cada mañana.
Con el aién más bello que alguien pudiera regalar, claudicaron los temores, la injusticia y mi calma; no debería bajar la guardia, pero todo fue mirarla y que mi corazón fuera eluney, ella se llevaría a casa algo más que una servilleta, y yo algo más que una aurora. Conocí la utopía debajo de su falda, exploré en su cadera, como Simbad una mancha, justo después de que estrellas fugaces que tocamos en el cielo, cayeran en tu alma, en silencio...
Fue una seña cómplice y furtiva, la que hizo acercarme a lo que cambiaría, el curso de mi vida como hasta el momento conocía... no quiero adular, pero debo confesar que su vida también iba a cambiar...
Aun lo hacen... y cambian los caminos, el norte, mi piel... no cambiaron sus ojos, su risa, esa simpática y brutal forma de moverse como si perteneciera al Lago de los Cisnes... cambió mi respiración.
Y yo que no sabía de princesas, fui a parar a sus manos, que hoy deshojan la duda y esos miedos, mientras busca su corona, como un naufrago la ruta de regreso a su casa...
Mientras me quedan sólo las migas que el oasis de su aparición me arroja, el café que se ha derramado encima mio igual que su recuerdo, quema mis días...sin duda esta noche, volveré allí...donde ya no está.
Mentiría si dijera que no recuerdo su cara, incluso después de dar tres vueltas al sol, pero lo más impactante fue su gracia y su risa, que llegaba a mis oídos, a pesar del alto volumen del tambor...
Ella bailaba y todos giraban a verla, quien fuera el dichoso que esperara tan ansioso que asomara, ese rostro en la cima de la torre, agraciado de nacer o despertarse, para mí sería lo mismo, al lado de ella cada mañana.
Con el aién más bello que alguien pudiera regalar, claudicaron los temores, la injusticia y mi calma; no debería bajar la guardia, pero todo fue mirarla y que mi corazón fuera eluney, ella se llevaría a casa algo más que una servilleta, y yo algo más que una aurora. Conocí la utopía debajo de su falda, exploré en su cadera, como Simbad una mancha, justo después de que estrellas fugaces que tocamos en el cielo, cayeran en tu alma, en silencio...
Fue una seña cómplice y furtiva, la que hizo acercarme a lo que cambiaría, el curso de mi vida como hasta el momento conocía... no quiero adular, pero debo confesar que su vida también iba a cambiar...
Aun lo hacen... y cambian los caminos, el norte, mi piel... no cambiaron sus ojos, su risa, esa simpática y brutal forma de moverse como si perteneciera al Lago de los Cisnes... cambió mi respiración.
Y yo que no sabía de princesas, fui a parar a sus manos, que hoy deshojan la duda y esos miedos, mientras busca su corona, como un naufrago la ruta de regreso a su casa...
Mientras me quedan sólo las migas que el oasis de su aparición me arroja, el café que se ha derramado encima mio igual que su recuerdo, quema mis días...sin duda esta noche, volveré allí...donde ya no está.
miércoles, 23 de enero de 2013
Vivir Sólo es Vivir, a Partir de Tu Inocencia
Mientras duermes anidando en vos la paz del mundo, y éste es ajeno a tu existencia, despierta en tu ceño, el paraíso al que me llevas, cuando sanas mis dolores, y abrazas mi esperanza.
Albergo en tu puño, mis sueños y mi dedo, y espero mover tu corazón, que es menos tuyo que el mío, aunque me contestes con una negativa, de la que poco sabes, es un puñal en el alma.
Mi motor sucumbe ante tu llanto y guardo cada lágrima para regar tus mañanas y pintarlas de luz... No sé si sabrás que traes contigo la llama que Prometeo escondió en tu corazón... la certeza de que un mundo mejor es posible...la fuerza necesaria para lograrlo.
Y aunque ignores que el universo gira a tu alrededor, y cada día el sol brilla en tu nombre; conserva tu inocencia, tu alegría y tu simpleza, que me emborracha de ternura, la maravilla que es verte bailar o la delicia de mirar como observas tu reflejo gracioso en el espejo, ese que enfrento en cada amanecer descubriendo un nuevo yo.
Vivir sólo es vivir, a partir de tu inocencia. Y me enseñas cómo vivir... aunque sean tus primeros pasos los que forman con sus huellas constelaciones por el jardín, los que llenan de dulzura esta taza en la que bebo tus horas, en la que se desnudan mis miedos, esos que fueron el llanto en aquella madrugada de otoño, tu grito de guerra, cuando alce la espada y mi pecho se convirtió en tu escudo, cuando cambiaste el color de mi cielo, cuando cambiaste las horas a mis días...
Cuando abriste los ojos, y yo volví a nacer...
Alcen las velas, leven las anclas, que duerme en mi pecho quien lleva en su alma, la penumbra del secreto, el carmesí de mis pupilas desveladas, el regalo de la vida, el tesoro perdido... abran la puerta, que no hay llaves que cierren la puerta a su futuro, ni imbécil que lo intente, pues esconde en el alma, la cadena que le falta a este ciclo sin fin, del que sólo soy agua que habrá de beber.
Dedicado a Camila, Joaquín y todos los niños que atesoran en su pecho, la esperanza de otro mundo posible...
Alcen las velas, leven las anclas, que duerme en mi pecho quien lleva en su alma, la penumbra del secreto, el carmesí de mis pupilas desveladas, el regalo de la vida, el tesoro perdido... abran la puerta, que no hay llaves que cierren la puerta a su futuro, ni imbécil que lo intente, pues esconde en el alma, la cadena que le falta a este ciclo sin fin, del que sólo soy agua que habrá de beber.
Dedicado a Camila, Joaquín y todos los niños que atesoran en su pecho, la esperanza de otro mundo posible...
miércoles, 9 de enero de 2013
Espasmos en el Tiempo
Cautivas el silencio, vacías de palabras mis anhelos e
inspiras mis sentidos con tu ausencia. Oximorón de lo que no me deja ser, de lo
que vierte sobre mí, el rocío de tu huida. Ingresan los claros del alba por la
ventana que lloró tu partida, y se estrellan contra mis ojos rotos que padecen
el desvelo que tiempo atrás me invitaba a un viaje por las colinas de tu
cuerpo.
La tormenta destiñe mis labios de
olvido mientras me cubro de nostalgia, debajo de las sábanas que son las
sierras y esta casa en la que quedaron tus huellas.
Los pasillos, llenos de vos y desafiantes, me regalan la miel, los escondites y el tesoro que escondimos, dentro de la caja de Pandora, aquí en Pehumayén. Y es el blanquinegro del pasado el que riega de cenizas el descontento, el lugar en el que te regalé mis horas.
Camino frente a la puerta de la habitación 109, y me río del sinsentido de nuestras discusiones tiempo atrás, y de la solución que fue tu beso para dejar quieta mi ciudad. Allí se ve tu sombra, tu ombligo, y tu vientre, donde soñé mis melodías…donde resguardé mil risas…donde bebí lo agrio de tu partida.
Y aunque sólo queda la arena del olvido que decanta entre mis manos como el agua en mi gotera, no me atormenta el horizonte que recorren tus pasos en éste momento… todavía estás sentada en aquel banco donde te regalé la primera luna llena bisiesta, con el roce y el abrazo que se colaban por la curva de tu espalda, donde dormía mi paz… todavía escucho tu voz susurrar a mi oído los versos, como latiguillos de un cineasta compulsivo, en los que rimaban tu amor y mi alma.
Y así, alejado de todo mal y toda gloria, mientras veo tus labios marcados en las copas rotas por las que rebalsan el vino y las rosas… mientras suspiro en la almohada la esencia de tus jazmines y deshojo su flor… apareces con tu sonrisa y confío menos en mi orgullo que en mi capacidad para olvidarte. Y mientras vos lees esto, mirando las llaves en tus manos, reposa una lágrima en tu mejilla, y te preguntas “qué estoy haciendo?”…yo me pregunto… “Te dije hoy que te quiero?”.
Los pasillos, llenos de vos y desafiantes, me regalan la miel, los escondites y el tesoro que escondimos, dentro de la caja de Pandora, aquí en Pehumayén. Y es el blanquinegro del pasado el que riega de cenizas el descontento, el lugar en el que te regalé mis horas.
Camino frente a la puerta de la habitación 109, y me río del sinsentido de nuestras discusiones tiempo atrás, y de la solución que fue tu beso para dejar quieta mi ciudad. Allí se ve tu sombra, tu ombligo, y tu vientre, donde soñé mis melodías…donde resguardé mil risas…donde bebí lo agrio de tu partida.
Y aunque sólo queda la arena del olvido que decanta entre mis manos como el agua en mi gotera, no me atormenta el horizonte que recorren tus pasos en éste momento… todavía estás sentada en aquel banco donde te regalé la primera luna llena bisiesta, con el roce y el abrazo que se colaban por la curva de tu espalda, donde dormía mi paz… todavía escucho tu voz susurrar a mi oído los versos, como latiguillos de un cineasta compulsivo, en los que rimaban tu amor y mi alma.
Y así, alejado de todo mal y toda gloria, mientras veo tus labios marcados en las copas rotas por las que rebalsan el vino y las rosas… mientras suspiro en la almohada la esencia de tus jazmines y deshojo su flor… apareces con tu sonrisa y confío menos en mi orgullo que en mi capacidad para olvidarte. Y mientras vos lees esto, mirando las llaves en tus manos, reposa una lágrima en tu mejilla, y te preguntas “qué estoy haciendo?”…yo me pregunto… “Te dije hoy que te quiero?”.
jueves, 3 de enero de 2013
Qué Prefiero No Decir... Qué No Dejo de Pensar
La encontré a orillas de una barra, cuando todavía le
quedaban algunos días a sus primaveras. Iluminaba con sus ojos el opaco de la
sala y su multitud, que cada vez que la miraba, como yo, debía hacer una reverencia,
y contener el frío aliento del desconsuelo al que desafiaba con su sonrisa. Acariciaba entre sus manos, mi
curiosidad y su vaso, en el que vertía sus congojas arrabaleras, dudas flotantes, un mensaje o un bostezo,
bajo cualquiera de las gotas de luz con las que resplandecía su rostro.
De toda
la colmena, ella era la más bella… la abeja reina a la que todos dedicaban su
atención, dispuestos a correr el riesgo de que nos clave el aguijón que fue el
beso que le soñé, aunque eso costara la muerte. Mi desvelo fue consecuencia de
su encanto, y sumido en el cambalache de su blusa, fue mi condena, pensar qué
decir, y qué callar…
Así,
fui recorriendo las horas y mis anhelos, los restos de penumbra que quedaban
cuando ella cerraba sus ojos, y mil besos que imaginé y descansaban recostados
en sus hombros desnudos que se podían divisar cuando su larga cabellera lo permitía…
y su nombre…su nombre fue un misterio, un enigma que temía descifrar y preferí
no saber, para no alterar la imagen que regalaba la noche, y tanto disfrutaba
ver…y sin nada que perder e ignorante de lo que hube de ganar, deje que se
marchara con una pequeña parte de mí…
Protagonista
de los pensamientos que se cuelan hoy en la copa por la que se precipita este
verano, ella siquiera supo de mí. Pero sigo imaginando sus labios de miel,
saciando mi sed; sus uñas carmesí viajando por mi mejilla; el perfume en su
cuello, que trazaba el mapa al País de Nunca Jamás y creí haber sentido, al
pasar a su lado. Vestigios de su cruce por mi camino, del que ella fue ajena y
sólo conservo un sabor amargo por su fugacidad, teñido en tonos sepia.
“La noche debilita los corazones…” y a
veces esconde en lo profundo de su oscuridad, sonrisas que rescatarían a
cualquiera de las ruinas a las que nos empuja las penas de la soledad… No
conocí a esta muchacha, ni ella sabe quién soy... Sin embargo endulzo con el
recuerdo de su sonrisa tímida al bajar su cabeza tras el cruce de miradas, y su
forma de bailar para quitarle la tristeza a mi ciudad, el café que bebo en su
memoria, mientras muevo despacito la cuchara, y veo hacia afuera del bar, con
la esperanza que ella aparezca del otro lado de la ventana una vez más…
martes, 1 de enero de 2013
Paladines de un Nuevo Comienzo... Siguiendo el Sueño de los Hombres Despiertos
Al momento de leer esto, quizás ya habremos dado inicio a un
nuevo año, a una nueva etapa… quizás habremos dado lugar a algunos cierres (sólo
algunos por ahora), y otros tantos comienzos. “Nunca es tarde para volver a nacer” uno puede escuchar, en casi las
7.000 lenguas que se hablan sobre la esfera y que nos unen, como en la Torre de
Babel, al enfrentamiento de conclusiones y decisiones por tomar, a esa
incertidumbre de la que todo porvenir se alimenta, esa que nos reúne aquí, a
vos y a mí, de nuevo, entre copas, buscando otro pensamiento, en la borra, en
la cereza al final de la copa, en la última burbuja que no se ha colado por el
vaso.
Son
batallas contra los temporales de pleno invierno, o los calores a los que nos
somete el verano, los espacios en los que puedo ver tus manos, fuertes ramas
que empujan hacia adelante este presente que nos pinta de preguntas la puerta
de la casa que nos lleva a un sinfín de senderos en los que habremos de caminar.
Desde pequeño
creí que grandes pensamientos que hoy arden en las velas de la sala en la que
compartimos esta taza, esta copa, han tenido su principal origen en la antigua
Grecia, o al menos, muchos de ellos. “Somos
lo que hacemos día a día”, es una de las tantas máximas sobre las que se
erigía el espíritu de la época.
Ser lo
que hacemos a diario, no es más que asumir la responsabilidad sobre nosotros de
vivir nuestra vida, asumir el reto de vivir. Y en este momento, en que las
elecciones una vez más, nos hacen paladines de la esperanza que empuja nuestro
corazón hacia la incertidumbre, hacia el cambio para un nuevo mundo posible, es
que debemos aprender a jugar este juego
que llamamos vida… Fácil es jugar sabiendo que vas a ganar, pero en la vida, es
necesario asumir el riesgo y la posibilidad de perder, y eso lejos de hacernos
débiles, nos hace más humanos.
Es la esperanza,
lo que Aristóteles llamaba “El Sueño de
Los Hombres Despiertos”, aquella sobre la cuál depositamos nuestros anhelos
más profundos, sobre lo que esconde el porvenir, lo que nos invita a tomar decisiones
sobre los caminos por recorrer. El futuro sólo es un parpadeo, y tus ojos son
más bellos que nunca a la luz del sol de un nuevo mañana, sabiendo que
despertar no será en vano, que toda la vida es ahora, que siempre es todavía, que tenes la espada para combatir la adversidad, y
que sos el paladín que atesora y resguarda el tesoro que es la esperanza, tu
corazón…tus ideas.
Mientras
que sospecho dudoso si la noche me regalará su lluvia y tu beso, dejo el
paraguas para que la llovizna abrace mis sueños, mientras le digo al mozo… “cierre la cuenta…hoy, empezamos de cero…”.
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