Mese tu cama el rocío de la noche. La ciudad la ilumina en tu nombre, sin saber lo que sueñas... acercas la curva de tu espalda a mi lado, yo te miro y maldigo a Freud y Lacan, tu sostienes y exhalas el aire con el que vivo... quién sabrá verte dormir y ver en vos una obra de arte...
Conservas mis sueños en tu vientre, escondes música en tus bostezos... ironía sería llamar pecado al divino encuentro que me tienta. En el que se funden nuestros pies con la sabana, y ponemos en acto lo que algunos llaman amor y yo ya no se cómo llamar.
El mate espera la hora de besarte con su amanecer, y con la culpa de despertarte de ese sueño en el que emprende vuelo tu imaginación...
Guardo en tu ombligo mi esperanza, la fuerza para ver el sol del amanecer que te amenaza con bocinas y vaticina con el canto de gorriones. Yo espero estar a la altura de tus besos al momento en que abras los ojos...
Caen las barreras y fronteras de la utopía, que encontré en lo eterno de la mancha que acaricia tu cadera, que me hace perder los sentidos... ahí donde termina el laberinto de tu pelo que le da color a las hojas de este otoño menguante...
Ya son las siete. La luz ingresa por nuestra persiana, la luna quiere ser testigo de la maravilla, Aurora te sonríe, yo tengo que seguir trabajando.
Mi caricia en tu mejilla o mi beso en tu frente son los cuentos con los que te despierta Scherezade... no se si es tarde o temprano, si despertarte o seguir viendo... si vivo para verte dormir, o duermo para verte vivir, también en mis sueños.
Se detiene el tiempo, frunces el ceño, abres los ojos... yo vivo.
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