Al momento de leer esto, quizás ya habremos dado inicio a un
nuevo año, a una nueva etapa… quizás habremos dado lugar a algunos cierres (sólo
algunos por ahora), y otros tantos comienzos. “Nunca es tarde para volver a nacer” uno puede escuchar, en casi las
7.000 lenguas que se hablan sobre la esfera y que nos unen, como en la Torre de
Babel, al enfrentamiento de conclusiones y decisiones por tomar, a esa
incertidumbre de la que todo porvenir se alimenta, esa que nos reúne aquí, a
vos y a mí, de nuevo, entre copas, buscando otro pensamiento, en la borra, en
la cereza al final de la copa, en la última burbuja que no se ha colado por el
vaso.
Son
batallas contra los temporales de pleno invierno, o los calores a los que nos
somete el verano, los espacios en los que puedo ver tus manos, fuertes ramas
que empujan hacia adelante este presente que nos pinta de preguntas la puerta
de la casa que nos lleva a un sinfín de senderos en los que habremos de caminar.
Desde pequeño
creí que grandes pensamientos que hoy arden en las velas de la sala en la que
compartimos esta taza, esta copa, han tenido su principal origen en la antigua
Grecia, o al menos, muchos de ellos. “Somos
lo que hacemos día a día”, es una de las tantas máximas sobre las que se
erigía el espíritu de la época.
Ser lo
que hacemos a diario, no es más que asumir la responsabilidad sobre nosotros de
vivir nuestra vida, asumir el reto de vivir. Y en este momento, en que las
elecciones una vez más, nos hacen paladines de la esperanza que empuja nuestro
corazón hacia la incertidumbre, hacia el cambio para un nuevo mundo posible, es
que debemos aprender a jugar este juego
que llamamos vida… Fácil es jugar sabiendo que vas a ganar, pero en la vida, es
necesario asumir el riesgo y la posibilidad de perder, y eso lejos de hacernos
débiles, nos hace más humanos.
Es la esperanza,
lo que Aristóteles llamaba “El Sueño de
Los Hombres Despiertos”, aquella sobre la cuál depositamos nuestros anhelos
más profundos, sobre lo que esconde el porvenir, lo que nos invita a tomar decisiones
sobre los caminos por recorrer. El futuro sólo es un parpadeo, y tus ojos son
más bellos que nunca a la luz del sol de un nuevo mañana, sabiendo que
despertar no será en vano, que toda la vida es ahora, que siempre es todavía, que tenes la espada para combatir la adversidad, y
que sos el paladín que atesora y resguarda el tesoro que es la esperanza, tu
corazón…tus ideas.
Mientras
que sospecho dudoso si la noche me regalará su lluvia y tu beso, dejo el
paraguas para que la llovizna abrace mis sueños, mientras le digo al mozo… “cierre la cuenta…hoy, empezamos de cero…”.
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