Albergo en tu puño, mis sueños y mi dedo, y espero mover tu corazón, que es menos tuyo que el mío, aunque me contestes con una negativa, de la que poco sabes, es un puñal en el alma.
Mi motor sucumbe ante tu llanto y guardo cada lágrima para regar tus mañanas y pintarlas de luz... No sé si sabrás que traes contigo la llama que Prometeo escondió en tu corazón... la certeza de que un mundo mejor es posible...la fuerza necesaria para lograrlo.
Y aunque ignores que el universo gira a tu alrededor, y cada día el sol brilla en tu nombre; conserva tu inocencia, tu alegría y tu simpleza, que me emborracha de ternura, la maravilla que es verte bailar o la delicia de mirar como observas tu reflejo gracioso en el espejo, ese que enfrento en cada amanecer descubriendo un nuevo yo.
Vivir sólo es vivir, a partir de tu inocencia. Y me enseñas cómo vivir... aunque sean tus primeros pasos los que forman con sus huellas constelaciones por el jardín, los que llenan de dulzura esta taza en la que bebo tus horas, en la que se desnudan mis miedos, esos que fueron el llanto en aquella madrugada de otoño, tu grito de guerra, cuando alce la espada y mi pecho se convirtió en tu escudo, cuando cambiaste el color de mi cielo, cuando cambiaste las horas a mis días...
Cuando abriste los ojos, y yo volví a nacer...
Alcen las velas, leven las anclas, que duerme en mi pecho quien lleva en su alma, la penumbra del secreto, el carmesí de mis pupilas desveladas, el regalo de la vida, el tesoro perdido... abran la puerta, que no hay llaves que cierren la puerta a su futuro, ni imbécil que lo intente, pues esconde en el alma, la cadena que le falta a este ciclo sin fin, del que sólo soy agua que habrá de beber.
Dedicado a Camila, Joaquín y todos los niños que atesoran en su pecho, la esperanza de otro mundo posible...
Alcen las velas, leven las anclas, que duerme en mi pecho quien lleva en su alma, la penumbra del secreto, el carmesí de mis pupilas desveladas, el regalo de la vida, el tesoro perdido... abran la puerta, que no hay llaves que cierren la puerta a su futuro, ni imbécil que lo intente, pues esconde en el alma, la cadena que le falta a este ciclo sin fin, del que sólo soy agua que habrá de beber.
Dedicado a Camila, Joaquín y todos los niños que atesoran en su pecho, la esperanza de otro mundo posible...
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