Tiempos de cambios, tiempos de prisa, tiempos de resistencia... Ícaro presta sus alas, tus sueños alzan el vuelo. Las jaurías rodean el cerco, los cuervos avistan sobre los corderos. El río corre por tus manos.
Levanta el olivo... haz bailar la sombra de una grulla de origami en el muro de los lamentos... la senda se hace más clara. Toma un té de las cinco en Gibraltar; escucha a un niño de Nepal leer El Principito en Varsovia; mira a un Tehuelche regar sus crisantemos, en una pequeña vecindad de Vallecas. Deja la piedra de Sísifo en la cima... bebe un sorbo de futuro.
El metro se llena de zapatos; las plazas llenas de palomas, la vida es todo en este arrojo, el horizonte un puñado de amapolas... ¿Quién ha marcado el tiempo de descuento? ¿Quién hizo de tus manos su marioneta? ¿Cuánto tiempo mantendras la cabeza gacha?
Responde! Escucha! Grita! Atiende este llamado... hasta ahora todo fue una prueba, un ensayo de la vida. Ya no leas el libreto... improvisa esta pieza. Que no visite el miedo tu recamara. Que no tiemble tu voz, que no te oigo.
Ayuda a despertar de esta larga pesadilla a aquel niño de Gaza, a aquel harapiento hombre de Zambia, aquella bella mujer de Siria, aquel joven padre primerizo de Atenas... ayúdame a entonar este grito.
Que la cobardía no sea una coartada para el miedo, acudamos a este asedio al que nos enfrenta. Que el mundo pende de tus hombros, y muere por escuchar tu voz...Al fin y al cabo, somos lo que hacemos con lo que somos. Y necesito que seamos un abrazo...
Luchas, tormentos, anocheceres y amaneceres inconclusos, desvelos, erices o néctares de lo dulce y difícil que es vivir, son los que comparto a continuación. Como aquellos que leyeron su porvenir en la Borra, a veces miramos el fondo del vaso o de la taza, con la esperanza de encontrar allí aquello que perdimos, aquello que anhelamos encontrar, la clave para vivir, o simplemente algo que pueda darnos una respuesta a eso que nos aqueja, pero que sin duda significa asumir el riesgo de vivir…
lunes, 15 de diciembre de 2014
miércoles, 15 de octubre de 2014
Ella
El otro día, mientras caía la tarde, cargando el dolor de cada lunes, contando las horas para que termine... ayudé a cruzar la acera a un viejito no vidente, que llevaba consigo unas prendas harapientas y tantas arrugas, como soledades había en la ciudad.
En un estrepitoso paso, al escapárseme un melódico canto de alguna canción que tarareaba y ahora no recuerdo... Walter, agarró fuerte mi mano, atrajo mi atención, y me preguntó: "¿Cómo es ella?". Atónito y confundido, respondí: "¿Cómo?"... y riéndose esta vez, guiño su pequeño ojo vacío de color, pero lleno de mirada, repitió... "¿Cómo es ella?.
"¿que cómo es ella me decís?... no sabría por donde comenzar" le dije. Sintió caer el tono de mi voz, sudar el hueco de mis manos, deshojar un agudo suspiro, y oyó...
"Quizás debería comenzar por sus piernas. Largas carreteras a la gloria, un camino sólo de ida. El refugio donde descansan mis sueños y pasiones. El reposo de los anhelos de todo infante, perturbado por la luz o el sueño...".
"Si llego a su espalda, el tiempo se para. Hago casta en su sacra, y muerdo el anzuelo de su sexo. Derramo mis nostalgias en su lumbar, y beso su cordillera posterior... donde nacen sus alas. Así, llego al ápice de sus hombros, donde desmorono mi cansancio, donde yacen los escombros del sistema, el desempleo y todas las preocupaciones que se desploman al percibir el dulce perfume de su cuello, que entumece mis sentidos, y me induce en un profundo estado de somnolencia."
"Sólo ahí.... sólo luego de ese instante... tengo permitido llegar a su mentón, donde nace el inconfundible arte de su rostro, donde se acelera su pulso, y su molotón se cuela entre mis manos, como un metrónomo suizo averiado. que marca semifusas en su ombligo. Voy cayendo hasta sus labios, y el viaje no tiene retorno. La comisura de su boca, desafía los instintos animales más intensos, más profundos. Y en su boca veo el cielo, la música y el idioma, éste mudo, del que hablan las profecías, mitologías y herejías. Todas nacen de su boca, y es su lengua, suave néctar agridulce, la que abre camino al sinuoso camino de su olfato...
Y cada canción es un jazmín en sus manos, y cada beso un jardín de madreselva naciendo en su boca; un campo de lavandas en su pelo...". No sabría bien cómo describirla a decir verdad... es que las sensaciones que genera el simple hecho de pensarla, entumecen mi conciencia, liberan la pasión con que se viste el verano, y riega de cristales de agua el desierto. Todo puente se tiende desde su risa, y lo ameno del mundo me parece absurdo... no se si me explico...".
Walter ríe, acerca sus manos a mis ojos, los cierra y me regala el color del silencio, el ruido de las olas, en plena avenida con semáforo intermitente. El autobús pasa a nuestro lado, me abraza y agradece lo gráfico de mi relato, y adhiere: "parece que piensa mucho en ella,..".
Nos fundimos en una carcajada cómplice, propia de una amistad de antaño, que por lo fortuito de las ciudades, se ha reencontrado; y le respondo: "...por eso, y por algunas cosas más, le dedico, en pensamiento, el tiempo que puedo... sólo un poco... 24 horas... porque usted vio, todo tiene un límite, y el mío es el comienzo de un nuevo día a su lado"...
Aún no he vuelto a ver a Walter, pero recuerdo su abrazo, su caricia y su gracia, alentando al futuro, respondiendo esta llamada, a la que acudo cada día, a tu lado... aunque lejos.
En un estrepitoso paso, al escapárseme un melódico canto de alguna canción que tarareaba y ahora no recuerdo... Walter, agarró fuerte mi mano, atrajo mi atención, y me preguntó: "¿Cómo es ella?". Atónito y confundido, respondí: "¿Cómo?"... y riéndose esta vez, guiño su pequeño ojo vacío de color, pero lleno de mirada, repitió... "¿Cómo es ella?.
"¿que cómo es ella me decís?... no sabría por donde comenzar" le dije. Sintió caer el tono de mi voz, sudar el hueco de mis manos, deshojar un agudo suspiro, y oyó...
"Quizás debería comenzar por sus piernas. Largas carreteras a la gloria, un camino sólo de ida. El refugio donde descansan mis sueños y pasiones. El reposo de los anhelos de todo infante, perturbado por la luz o el sueño...".
"Si llego a su espalda, el tiempo se para. Hago casta en su sacra, y muerdo el anzuelo de su sexo. Derramo mis nostalgias en su lumbar, y beso su cordillera posterior... donde nacen sus alas. Así, llego al ápice de sus hombros, donde desmorono mi cansancio, donde yacen los escombros del sistema, el desempleo y todas las preocupaciones que se desploman al percibir el dulce perfume de su cuello, que entumece mis sentidos, y me induce en un profundo estado de somnolencia."
"Sólo ahí.... sólo luego de ese instante... tengo permitido llegar a su mentón, donde nace el inconfundible arte de su rostro, donde se acelera su pulso, y su molotón se cuela entre mis manos, como un metrónomo suizo averiado. que marca semifusas en su ombligo. Voy cayendo hasta sus labios, y el viaje no tiene retorno. La comisura de su boca, desafía los instintos animales más intensos, más profundos. Y en su boca veo el cielo, la música y el idioma, éste mudo, del que hablan las profecías, mitologías y herejías. Todas nacen de su boca, y es su lengua, suave néctar agridulce, la que abre camino al sinuoso camino de su olfato...
Y cada canción es un jazmín en sus manos, y cada beso un jardín de madreselva naciendo en su boca; un campo de lavandas en su pelo...". No sabría bien cómo describirla a decir verdad... es que las sensaciones que genera el simple hecho de pensarla, entumecen mi conciencia, liberan la pasión con que se viste el verano, y riega de cristales de agua el desierto. Todo puente se tiende desde su risa, y lo ameno del mundo me parece absurdo... no se si me explico...".
Walter ríe, acerca sus manos a mis ojos, los cierra y me regala el color del silencio, el ruido de las olas, en plena avenida con semáforo intermitente. El autobús pasa a nuestro lado, me abraza y agradece lo gráfico de mi relato, y adhiere: "parece que piensa mucho en ella,..".
Nos fundimos en una carcajada cómplice, propia de una amistad de antaño, que por lo fortuito de las ciudades, se ha reencontrado; y le respondo: "...por eso, y por algunas cosas más, le dedico, en pensamiento, el tiempo que puedo... sólo un poco... 24 horas... porque usted vio, todo tiene un límite, y el mío es el comienzo de un nuevo día a su lado"...
Aún no he vuelto a ver a Walter, pero recuerdo su abrazo, su caricia y su gracia, alentando al futuro, respondiendo esta llamada, a la que acudo cada día, a tu lado... aunque lejos.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Hasta ese momento
Hasta ese momento no valía la pena el insomnio. Hasta allí nada había tocado su malecón. Hasta aquel instante no habría por qué volver, y correr las veredas como si se derrumbara el mundo detrás de ellos. Hasta ese momento, lo eterno sólo jugaba con ellos y su luz, enmascarándose, detrás de cada lunes, dentro de cada penumbra.
Él la ve una vez más, y la recuerda. Aún hacen ecos los besos que dejo su última partida. Y ella, no perecedera al tiempo, permanece hermosa, tal vez más. Le susurra los versos que conserva en sus manos, le regala una sonrisa que lo lleva a la cumbre. Corre el frío sudor por su espalda, no existe nada más que eso.
Ella, indiferente por temor, se desdobla al sentir su tacto a metros de distancia; al sentir el olor de su sombra, que aún la acompaña cada mañana, cuando nieva en la cocina, camino al trabajo, allí le alcanza el aleteo de una golondrina; allí la persigue su recuerdo, leal compañero, franca caricia en la sien. Refugio de sí misma.
En ese momento no quedaba nada por hacer.
Se estrechan sus manos, y se detiene el tiempo. La brisa hace sitio en su abrazo, se encienden las luces del día. Siempre es Noviembre en su boca. Camino sinuoso de sus labios por el entremés de su oído. Embarca en las costas de su espalda. Recorre las playas de sus brazos. Se funden en un abrazo.
La calle gira la mirada hacia ellos. La melódica voz de ella cubre de caricias el alma él. Se queda mudo. El aire espera por su palabra. Sólo queda atónito viendo sus ojos, como quien ve una flor abrir paso a la primavera, como el llanto consolador de un recién nacido... pensando que bonita se ve.
Ella siente en su pecho el latir incansable de su bolotón. Alivia su ritmo con una canción de amor. El tiempo no corre. No hay nada detrás de esos metros cuadrados. Y en medio del terror, la rabia y la pasión; detrás del miedo, el fuego y el amor; los besos hacen casta en la luna, ella llega a los cielos, él vuela a su lado. No hay donde ir, no hay porque negarlo... todo era allí un instante divino, un tesoro desenterrado, un momento de confesión.
Hasta ese momento, ningún Tótem había caído. Entra la luz del día y se cuela en sus ojos, rompiendo los cristales del cuarto, haciendo cenizas la litera, secuestrando el sueño más bonito. Abre sus ojos y busca desesperado en sus sábanas. El frío hiela sus manos.
Ella despierta con el pulso acelerado, un bostezo robado, que llega hasta la ventana. El alba, cruel y despiadada, arrebata sus sonrisas.
Bajan la vista. Él mira al sur, ella hacia el norte. Hoy es siempre todavía, y el sueño una promesa, que le escriben al viento, de seguir hasta el final... cuando allí no haya huidas, ni distancias que este lejos... como ahora.
Él la ve una vez más, y la recuerda. Aún hacen ecos los besos que dejo su última partida. Y ella, no perecedera al tiempo, permanece hermosa, tal vez más. Le susurra los versos que conserva en sus manos, le regala una sonrisa que lo lleva a la cumbre. Corre el frío sudor por su espalda, no existe nada más que eso.
Ella, indiferente por temor, se desdobla al sentir su tacto a metros de distancia; al sentir el olor de su sombra, que aún la acompaña cada mañana, cuando nieva en la cocina, camino al trabajo, allí le alcanza el aleteo de una golondrina; allí la persigue su recuerdo, leal compañero, franca caricia en la sien. Refugio de sí misma.
En ese momento no quedaba nada por hacer.
Se estrechan sus manos, y se detiene el tiempo. La brisa hace sitio en su abrazo, se encienden las luces del día. Siempre es Noviembre en su boca. Camino sinuoso de sus labios por el entremés de su oído. Embarca en las costas de su espalda. Recorre las playas de sus brazos. Se funden en un abrazo.
La calle gira la mirada hacia ellos. La melódica voz de ella cubre de caricias el alma él. Se queda mudo. El aire espera por su palabra. Sólo queda atónito viendo sus ojos, como quien ve una flor abrir paso a la primavera, como el llanto consolador de un recién nacido... pensando que bonita se ve.
Ella siente en su pecho el latir incansable de su bolotón. Alivia su ritmo con una canción de amor. El tiempo no corre. No hay nada detrás de esos metros cuadrados. Y en medio del terror, la rabia y la pasión; detrás del miedo, el fuego y el amor; los besos hacen casta en la luna, ella llega a los cielos, él vuela a su lado. No hay donde ir, no hay porque negarlo... todo era allí un instante divino, un tesoro desenterrado, un momento de confesión.
Hasta ese momento, ningún Tótem había caído. Entra la luz del día y se cuela en sus ojos, rompiendo los cristales del cuarto, haciendo cenizas la litera, secuestrando el sueño más bonito. Abre sus ojos y busca desesperado en sus sábanas. El frío hiela sus manos.
Ella despierta con el pulso acelerado, un bostezo robado, que llega hasta la ventana. El alba, cruel y despiadada, arrebata sus sonrisas.
Bajan la vista. Él mira al sur, ella hacia el norte. Hoy es siempre todavía, y el sueño una promesa, que le escriben al viento, de seguir hasta el final... cuando allí no haya huidas, ni distancias que este lejos... como ahora.
martes, 2 de septiembre de 2014
Deshielo
Clama la vela, tu aroma y tu perfume. Exige tu ropa y mi esencia. La nube de humo rodea el ambiente, el trazo de tus manos en mi rostro, la brisa cálida de tu respiración junto a la mía...anochece en mi silencio la promisoria víspera de primavera.
Nos llama desde el pecho, desde el pozo y el estruendo. Un ave fénix flagrante y alardeante, me susurra al oído. "Donde estabas?, cuanto te he querido...". Toca mi mano, deja su pluma... inconcluso despido.
Calma este frío, el deshielo de tu abrazo y recuerdo los versos de Mario Benedetti: "defendamos la alegría como un derecho...". Y aquí afuera todo es Gaza, y se escuchan los rugidos de las fieras. Metrónomo tenaz, sonrisa fugaz y sencilla se queda; planea en la hoguera, se cuela en mi sien, tu eterna promesa, constante entremés.
Se me resbalan tus dedos y arden las campanas, se encienden las yemas de los míos. El futuro esta a diez centímetros de tu beso, a miles de kilómetros de tu paso, al acecho de tu risa, a la sombra de un consuelo. Abocado al infortunio, protagonista de lo incierto...atiendo esta llamada, no adormece este anhelo.
¿Qué transpira este contrato? ¿qué acontece en tu seno? ¿que se escapa de la gloria? ¿cuánto queda de este cielo? Torbellino de preguntas, se desangran de tu estrella, queda expuesta la memoria, escribana de los miedos.
Olvidemos las tertulias, defendamos el derecho...que la vida es ahora, un sólo tino... todo éste en que te encuentro, del mismo lado del malecón. Aceptemos lo imposible, hago un salto hacía el vacío. No prescribe esta historia. No se caen adoquines.
No mezquines la alegría, no te prives de la risa. Alza conmigo esta copa... ríe conmigo al leer esta borra. Que no te apene el salitre... defendamos el derecho, de vivir así de libres.
Nos llama desde el pecho, desde el pozo y el estruendo. Un ave fénix flagrante y alardeante, me susurra al oído. "Donde estabas?, cuanto te he querido...". Toca mi mano, deja su pluma... inconcluso despido.
Calma este frío, el deshielo de tu abrazo y recuerdo los versos de Mario Benedetti: "defendamos la alegría como un derecho...". Y aquí afuera todo es Gaza, y se escuchan los rugidos de las fieras. Metrónomo tenaz, sonrisa fugaz y sencilla se queda; planea en la hoguera, se cuela en mi sien, tu eterna promesa, constante entremés.
Se me resbalan tus dedos y arden las campanas, se encienden las yemas de los míos. El futuro esta a diez centímetros de tu beso, a miles de kilómetros de tu paso, al acecho de tu risa, a la sombra de un consuelo. Abocado al infortunio, protagonista de lo incierto...atiendo esta llamada, no adormece este anhelo.
¿Qué transpira este contrato? ¿qué acontece en tu seno? ¿que se escapa de la gloria? ¿cuánto queda de este cielo? Torbellino de preguntas, se desangran de tu estrella, queda expuesta la memoria, escribana de los miedos.
Olvidemos las tertulias, defendamos el derecho...que la vida es ahora, un sólo tino... todo éste en que te encuentro, del mismo lado del malecón. Aceptemos lo imposible, hago un salto hacía el vacío. No prescribe esta historia. No se caen adoquines.
No mezquines la alegría, no te prives de la risa. Alza conmigo esta copa... ríe conmigo al leer esta borra. Que no te apene el salitre... defendamos el derecho, de vivir así de libres.
lunes, 18 de agosto de 2014
Oximorón
Arde este invierno y contemplo tu partida,
como la realidad no coincidente con lo prometido,
como la vereda vacía donde antes te sentabas,
como las manos temerosas del futuro.
Lo eterno cruza la calle, y espera sentado en un banco,
tu relato es signo y diamante,
los detalles, el karma de Funes,
nuestro beso, otro cuento borgeano.
Llega a mí como siempre, desde lejos,
el halo de tu risa, tu sonrisa y su caricia para mi alma,
desde lejos tu mirada, ese abrazo tan sentido.
Llego a ti como un recuerdo, un amor y un suspiro;
un arrebato de nostalgia y la huida,
un poco de Ginebra en esta taza,
una herida necesaria para este Nudo Borromeo.
Un beso se despide: sigiloso, tímido y silencioso,
se reposa en la frontera de tu boca,
en la comisura de tu sonrisa,
en los aposentos de tu voz,
en lo colorado de tu mejilla.
Como lo absurdo en la distancia,
como lo imposible en lo real,
aflora de oximorones esta casa,
donde se aloja tu encuentro con el mar.
como la realidad no coincidente con lo prometido,
como la vereda vacía donde antes te sentabas,
como las manos temerosas del futuro.
Lo eterno cruza la calle, y espera sentado en un banco,
tu relato es signo y diamante,
los detalles, el karma de Funes,
nuestro beso, otro cuento borgeano.
Llega a mí como siempre, desde lejos,
el halo de tu risa, tu sonrisa y su caricia para mi alma,
desde lejos tu mirada, ese abrazo tan sentido.
Llego a ti como un recuerdo, un amor y un suspiro;
un arrebato de nostalgia y la huida,
un poco de Ginebra en esta taza,
una herida necesaria para este Nudo Borromeo.
Un beso se despide: sigiloso, tímido y silencioso,
se reposa en la frontera de tu boca,
en la comisura de tu sonrisa,
en los aposentos de tu voz,
en lo colorado de tu mejilla.
Como lo absurdo en la distancia,
como lo imposible en lo real,
aflora de oximorones esta casa,
donde se aloja tu encuentro con el mar.
lunes, 12 de mayo de 2014
Solos y en Silencio
Tus ojos miran fijos, atentos, intrépidos
alcanzan la profundidad de mis palabras,
los suspiros del silencio,
las alondras en la noche.
Mientras tus parpados mecen mi mejilla,
la lágrima sonríe en tu elegancia,
el brillo de nuestras voces lo da la ausencia,
que baila entre nosotros con el tiempo.
Tómame la mano, enciende mi susurro,
jadea en este grito, lo innecesario de mi ahogo;
la impotencia de lo dicho, para alcanzar lo que siento
cada vez que te desvisto, cada vez que me despierto;
a tu lado y en silencio, sin saberlo es todo mío,
lo profundo de tu amor, la paciencia del camino;
sin dudarlo es todo tuyo, el amor más infinito,
el té de ésta tarde, lo incierto de mi destino.
alcanzan la profundidad de mis palabras,
los suspiros del silencio,
las alondras en la noche.
Mientras tus parpados mecen mi mejilla,
la lágrima sonríe en tu elegancia,
el brillo de nuestras voces lo da la ausencia,
que baila entre nosotros con el tiempo.
Tómame la mano, enciende mi susurro,
jadea en este grito, lo innecesario de mi ahogo;
la impotencia de lo dicho, para alcanzar lo que siento
cada vez que te desvisto, cada vez que me despierto;
a tu lado y en silencio, sin saberlo es todo mío,
lo profundo de tu amor, la paciencia del camino;
sin dudarlo es todo tuyo, el amor más infinito,
el té de ésta tarde, lo incierto de mi destino.
lunes, 24 de febrero de 2014
Llueve
Llueve y se mojan mis parpados
llueve y se borran las huellas,
llueve y se corre la tinta,
aquella que atina,
sin ceño, ni estrella,
a dibujarte serena.
Llueve y me llevas en barco,
en un río enorme cual charco,
que inunda mis ojos de pena
al ver mis manos con barro,
mi casa flotante,
mis sueños de arena.
Descubro debajo del bobo,
una esquirla punzante y silenciosa,
absorbo los aullidos del lobo,
el lodo bombeando mi sangre,
la ola es ahora una foto,
dolor reflejado en la prosa.
Llueve y te dibujo serena,
tu rostro es ahora Venecia,
desprende su último suspiro
mi boca besando la roca,
la vida del hombre es muy loca,
que una lluvia lo tiñe de olvido.
llueve y se borran las huellas,
llueve y se corre la tinta,
aquella que atina,
sin ceño, ni estrella,
a dibujarte serena.
Llueve y me llevas en barco,
en un río enorme cual charco,
que inunda mis ojos de pena
al ver mis manos con barro,
mi casa flotante,
mis sueños de arena.
Descubro debajo del bobo,
una esquirla punzante y silenciosa,
absorbo los aullidos del lobo,
el lodo bombeando mi sangre,
la ola es ahora una foto,
dolor reflejado en la prosa.
Llueve y te dibujo serena,
tu rostro es ahora Venecia,
desprende su último suspiro
mi boca besando la roca,
la vida del hombre es muy loca,
que una lluvia lo tiñe de olvido.
jueves, 13 de febrero de 2014
Los Versos Que Te Debo... (Fragmento)
“Esa mañana, como tantas otras, Galia, luego de dar tres vueltas por la cama y ofrecerse a preparar el desayuno, ingresó al baño después de haber puesto a calentar un poco de agua. Allí se lavaba los dientes y se quitaba de a poco el aspecto de dormida. Cepillaba su largo cabello castaño claro, alrededor de cuarenta veces antes de salir de allí. Para entonces, el mate ya estaba preparado, y yo esperando que se sentara a mi lado.
Abrió las ventanas, permitiendo que la luz del sol ingresara e iluminara sus hermosos y radiantes ojos canela. Como era su costumbre, untó con queso y dulce las cuatro tostadas que iba a comer; y encendió la radio para que la música acompañara nuestro despertar.
Finalmente, luego de ponerse su impecable y blanco delantal; lustró el par de botas marrones; recogió su credencial profesional; y perfumó su cuello con mi fragancia favorita. Estrechó mi boca con su beso, dejando el sabor de sus labios, el aroma de su cuello y lo tibio de sus manos en mi rostro. Dejó la esencia de mil jazmines en su camino hacia la puerta, y partió hacia su trabajo en la clínica...”.
Al marcar los puntos suspensivos, Bautista Espósito arrancó la hoja de su libreta, hizo de ella un pequeño bollo de papel, y luego lo arrojó al basurero. Han pasado tres años ya desde aquella última mañana en que despertó con la dulce compañía de su amada Galia Crivelli. Tres años han pasado desde que vió la sonrisa de su mujer partiendo por la puerta rumbo a su trabajo.
Durante tres años, Bautista ha escrito, cada noche antes de dormir, los mismos tres párrafos que refutan la idea rumiante y dolorosa de poder olvidar, hasta el más sencillo o pequeño de los detalles respecto de Galia. Cada una de esas noches, al apoyar su desesperanzada cabeza sobre la almohada, prendía su lámpara, tomaba su libreta del cajón superior de la mesa de luz, y repetía cada una de esas palabras. Sólo después de ello, alguna especie de consuelo aplacaba el dolor que había en su corazón, por no saber nada de Galia en todos esos años.
Claro que él no era el mismo desde aquel entonces. Es decir, sí, aún conservaba su rubio pelo corto y su barba color cobre, combinada con el blanco propio de las canas que la edad le había ido arrojando en su rostro. Pero su aspecto no era el mismo. Sus carnes se habían consumido un poco, por la angustia y la ansiedad que le generaba el continuar viviendo con la incertidumbre que le generaba el no saber si su amada aún seguía con vida...".
Fragmento de Capitulo 1. Libro: "Los Versos Que Te Debo".
Abrió las ventanas, permitiendo que la luz del sol ingresara e iluminara sus hermosos y radiantes ojos canela. Como era su costumbre, untó con queso y dulce las cuatro tostadas que iba a comer; y encendió la radio para que la música acompañara nuestro despertar.
Finalmente, luego de ponerse su impecable y blanco delantal; lustró el par de botas marrones; recogió su credencial profesional; y perfumó su cuello con mi fragancia favorita. Estrechó mi boca con su beso, dejando el sabor de sus labios, el aroma de su cuello y lo tibio de sus manos en mi rostro. Dejó la esencia de mil jazmines en su camino hacia la puerta, y partió hacia su trabajo en la clínica...”.
Al marcar los puntos suspensivos, Bautista Espósito arrancó la hoja de su libreta, hizo de ella un pequeño bollo de papel, y luego lo arrojó al basurero. Han pasado tres años ya desde aquella última mañana en que despertó con la dulce compañía de su amada Galia Crivelli. Tres años han pasado desde que vió la sonrisa de su mujer partiendo por la puerta rumbo a su trabajo.
Durante tres años, Bautista ha escrito, cada noche antes de dormir, los mismos tres párrafos que refutan la idea rumiante y dolorosa de poder olvidar, hasta el más sencillo o pequeño de los detalles respecto de Galia. Cada una de esas noches, al apoyar su desesperanzada cabeza sobre la almohada, prendía su lámpara, tomaba su libreta del cajón superior de la mesa de luz, y repetía cada una de esas palabras. Sólo después de ello, alguna especie de consuelo aplacaba el dolor que había en su corazón, por no saber nada de Galia en todos esos años.
Claro que él no era el mismo desde aquel entonces. Es decir, sí, aún conservaba su rubio pelo corto y su barba color cobre, combinada con el blanco propio de las canas que la edad le había ido arrojando en su rostro. Pero su aspecto no era el mismo. Sus carnes se habían consumido un poco, por la angustia y la ansiedad que le generaba el continuar viviendo con la incertidumbre que le generaba el no saber si su amada aún seguía con vida...".
Fragmento de Capitulo 1. Libro: "Los Versos Que Te Debo".
martes, 11 de febrero de 2014
La Rosa en Tu Nariz
La noche, fugitiva de mi consciencia, se inclino hacia mi con una copa. Hecha la reverencia, arrodillé mis labios en el tibio vino morado, que recuerdo haber reconocido, en vetas presentes en tus labios.
Promediaba el desconcierto en una noche que por olvido, arrojó a mi memoria el despecho del anhelo, el sinfín de regocijos, el eterno pulso del teléfono en espera, estrépito en mi pecho.
En el filo de los peldaños te vi portando una rosa en tu nariz, con la gracia con la que el jilguero canta sus canciones, con el brillo del farol que lleva de regreso a la costa al náufrago.
Esa rosa que advertía en su perfume, lo melódico de tu carcajada, lo indescifrable de tu tonada, y lo manifiesto de mi silencio; hubo olfateado antes, en tirones, los mismos rencores, miserias y migajas que el crudo invierno nos arrojaba en el rostro.
La apnea de mis palabras, producto de tu tacto, se mudó a las octavas de tu risa, que emanciparon de frío mi piuke. Durante un rato la arena fluyó por nuestras manos, como el agua del río, que se llevó de aquella noche tu tornazol, tu alumbrar y las horas, en que probé tus labios kriptonita, por única vez.
Hoy he abierto otra botella, asome mi nariz a la copa e invoque el benjamín de aquel desvelo, el piano dice que pronto ha de amanecer, y yo, mendigo de tu gracia, te sonrío en soledad.
Promediaba el desconcierto en una noche que por olvido, arrojó a mi memoria el despecho del anhelo, el sinfín de regocijos, el eterno pulso del teléfono en espera, estrépito en mi pecho.
En el filo de los peldaños te vi portando una rosa en tu nariz, con la gracia con la que el jilguero canta sus canciones, con el brillo del farol que lleva de regreso a la costa al náufrago.
Esa rosa que advertía en su perfume, lo melódico de tu carcajada, lo indescifrable de tu tonada, y lo manifiesto de mi silencio; hubo olfateado antes, en tirones, los mismos rencores, miserias y migajas que el crudo invierno nos arrojaba en el rostro.
La apnea de mis palabras, producto de tu tacto, se mudó a las octavas de tu risa, que emanciparon de frío mi piuke. Durante un rato la arena fluyó por nuestras manos, como el agua del río, que se llevó de aquella noche tu tornazol, tu alumbrar y las horas, en que probé tus labios kriptonita, por única vez.
Hoy he abierto otra botella, asome mi nariz a la copa e invoque el benjamín de aquel desvelo, el piano dice que pronto ha de amanecer, y yo, mendigo de tu gracia, te sonrío en soledad.
domingo, 5 de enero de 2014
Despierta... Descansa
Como una ilusión. Como un candil en el centro de una habitación obscura, que absorbió el frío de un adentrado invierno, nuestra alma reencarna al fénix... la llama que se enciende y que renace con cada día, de entre las cenizas que hemos sabido hacer polvo en nuestros pasos. A pesar de este amenazante frío que alerta nuestro verano...A pesar de que cada lunes te arroja en la primera plana un nuevo motivo para ivernar, que hace un desasosiego de cada uno de tus latidos ante la alarma de mirar el futuro pensando en un pasado, que crees, ha sido dorado... "fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos".
Busco en esta taza los versos de Dickens con los que aflora la aurora. Y en cada calle, se desenreda tu cabello y se alza tu voz, en las plazas resonantes, empuñando en cada mano tu futuro... nuestro futuro, la realidad homicida.
Dejo en tu mesa de noche, al lado de tu libro, un el mate que solíamos beber, y que dibuja en tu rostro, una sonrisa a diario. Que ésta brille al generar el cambio, cuando la aurora pida a gritos de gallo tu presencia y tu verdad, tu mano junto a la mía.
"Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos"...sólo hasta ahora. Cuando el alba arremete contra persiana, que se ría nuestro silencio, que anochezca nuestro llanto, pues cada tanto entiendo, no es culpa de los zapatos, sino del hoy que guía los pasos.
No pretendo ni mañana, ni futuro, ni ensueño...no puedo llegar a ello sin ser hoy. Bebo un "fondo blanco" y me juego este pleno, que mañana no seré otro más, que la extensión de este tiempo, en el que nos encontramos y brindamos, pues al parecer no estamos lejos, ni tan cerca, del futuro... sólo hoy es suficiente.
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PD: perdón por la ausencia... sólo eso, aunque no tanto.
Busco en esta taza los versos de Dickens con los que aflora la aurora. Y en cada calle, se desenreda tu cabello y se alza tu voz, en las plazas resonantes, empuñando en cada mano tu futuro... nuestro futuro, la realidad homicida.
Dejo en tu mesa de noche, al lado de tu libro, un el mate que solíamos beber, y que dibuja en tu rostro, una sonrisa a diario. Que ésta brille al generar el cambio, cuando la aurora pida a gritos de gallo tu presencia y tu verdad, tu mano junto a la mía.
"Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos"...sólo hasta ahora. Cuando el alba arremete contra persiana, que se ría nuestro silencio, que anochezca nuestro llanto, pues cada tanto entiendo, no es culpa de los zapatos, sino del hoy que guía los pasos.
No pretendo ni mañana, ni futuro, ni ensueño...no puedo llegar a ello sin ser hoy. Bebo un "fondo blanco" y me juego este pleno, que mañana no seré otro más, que la extensión de este tiempo, en el que nos encontramos y brindamos, pues al parecer no estamos lejos, ni tan cerca, del futuro... sólo hoy es suficiente.
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PD: perdón por la ausencia... sólo eso, aunque no tanto.
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