martes, 2 de septiembre de 2014

Deshielo

     Clama la vela, tu aroma y tu perfume. Exige tu ropa y mi esencia. La nube de humo rodea el ambiente, el trazo de tus manos en mi rostro, la brisa cálida de tu respiración junto a la mía...anochece en mi silencio la promisoria víspera de primavera.
     Nos llama desde el pecho, desde el pozo y el estruendo. Un ave fénix flagrante y alardeante, me susurra al oído. "Donde estabas?, cuanto te he querido...". Toca mi mano, deja su pluma... inconcluso despido.
     Calma este frío, el deshielo de tu abrazo y recuerdo los versos de Mario Benedetti: "defendamos la alegría como un derecho...". Y aquí afuera todo es Gaza, y se escuchan los rugidos de las fieras. Metrónomo tenaz, sonrisa fugaz y sencilla se queda; planea en la hoguera, se cuela en mi sien, tu eterna promesa, constante entremés.
     Se me resbalan tus dedos y arden las campanas, se encienden las yemas de los míos. El futuro esta a diez centímetros de tu beso, a miles de kilómetros de tu paso, al acecho de tu risa, a la sombra de un consuelo. Abocado al infortunio, protagonista de lo incierto...atiendo esta llamada, no adormece este anhelo.
     ¿Qué transpira este contrato? ¿qué acontece en tu seno? ¿que se escapa de la gloria? ¿cuánto queda de este cielo? Torbellino de preguntas, se desangran de tu estrella, queda expuesta la memoria, escribana de los miedos.
     Olvidemos las tertulias, defendamos el derecho...que la vida es ahora, un sólo tino... todo éste en que te encuentro, del mismo lado del malecón. Aceptemos lo imposible, hago un salto hacía el vacío. No prescribe esta historia. No se caen adoquines. 
     No mezquines la alegría, no te prives de la risa. Alza conmigo esta copa... ríe conmigo al leer esta borra. Que no te apene el salitre... defendamos el derecho, de vivir así de libres. 
     


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