No contaba segundos en el reloj, no miraba impaciente sus agujas, solo marcaba mi ritmo, la dulce brisa de un verano, que yacía en mi alma, como una rola milonguera, mientras mis bostezos se ahogaban en el fondo de aquel vaso.
Mentiría si dijera que no recuerdo su cara, incluso después de dar tres vueltas al sol, pero lo más impactante fue su gracia y su risa, que llegaba a mis oídos, a pesar del alto volumen del tambor...
Ella bailaba y todos giraban a verla, quien fuera el dichoso que esperara tan ansioso que asomara, ese rostro en la cima de la torre, agraciado de nacer o despertarse, para mí sería lo mismo, al lado de ella cada mañana.
Con el aién más bello que alguien pudiera regalar, claudicaron los temores, la injusticia y mi calma; no debería bajar la guardia, pero todo fue mirarla y que mi corazón fuera eluney, ella se llevaría a casa algo más que una servilleta, y yo algo más que una aurora. Conocí la utopía debajo de su falda, exploré en su cadera, como Simbad una mancha, justo después de que estrellas fugaces que tocamos en el cielo, cayeran en tu alma, en silencio...
Fue una seña cómplice y furtiva, la que hizo acercarme a lo que cambiaría, el curso de mi vida como hasta el momento conocía... no quiero adular, pero debo confesar que su vida también iba a cambiar...
Aun lo hacen... y cambian los caminos, el norte, mi piel... no cambiaron sus ojos, su risa, esa simpática y brutal forma de moverse como si perteneciera al Lago de los Cisnes... cambió mi respiración.
Y yo que no sabía de princesas, fui a parar a sus manos, que hoy deshojan la duda y esos miedos, mientras busca su corona, como un naufrago la ruta de regreso a su casa...
Mientras me quedan sólo las migas que el oasis de su aparición me arroja, el café que se ha derramado encima mio igual que su recuerdo, quema mis días...sin duda esta noche, volveré allí...donde ya no está.
Luchas, tormentos, anocheceres y amaneceres inconclusos, desvelos, erices o néctares de lo dulce y difícil que es vivir, son los que comparto a continuación. Como aquellos que leyeron su porvenir en la Borra, a veces miramos el fondo del vaso o de la taza, con la esperanza de encontrar allí aquello que perdimos, aquello que anhelamos encontrar, la clave para vivir, o simplemente algo que pueda darnos una respuesta a eso que nos aqueja, pero que sin duda significa asumir el riesgo de vivir…
lunes, 28 de enero de 2013
miércoles, 23 de enero de 2013
Vivir Sólo es Vivir, a Partir de Tu Inocencia
Mientras duermes anidando en vos la paz del mundo, y éste es ajeno a tu existencia, despierta en tu ceño, el paraíso al que me llevas, cuando sanas mis dolores, y abrazas mi esperanza.
Albergo en tu puño, mis sueños y mi dedo, y espero mover tu corazón, que es menos tuyo que el mío, aunque me contestes con una negativa, de la que poco sabes, es un puñal en el alma.
Mi motor sucumbe ante tu llanto y guardo cada lágrima para regar tus mañanas y pintarlas de luz... No sé si sabrás que traes contigo la llama que Prometeo escondió en tu corazón... la certeza de que un mundo mejor es posible...la fuerza necesaria para lograrlo.
Y aunque ignores que el universo gira a tu alrededor, y cada día el sol brilla en tu nombre; conserva tu inocencia, tu alegría y tu simpleza, que me emborracha de ternura, la maravilla que es verte bailar o la delicia de mirar como observas tu reflejo gracioso en el espejo, ese que enfrento en cada amanecer descubriendo un nuevo yo.
Vivir sólo es vivir, a partir de tu inocencia. Y me enseñas cómo vivir... aunque sean tus primeros pasos los que forman con sus huellas constelaciones por el jardín, los que llenan de dulzura esta taza en la que bebo tus horas, en la que se desnudan mis miedos, esos que fueron el llanto en aquella madrugada de otoño, tu grito de guerra, cuando alce la espada y mi pecho se convirtió en tu escudo, cuando cambiaste el color de mi cielo, cuando cambiaste las horas a mis días...
Cuando abriste los ojos, y yo volví a nacer...
Alcen las velas, leven las anclas, que duerme en mi pecho quien lleva en su alma, la penumbra del secreto, el carmesí de mis pupilas desveladas, el regalo de la vida, el tesoro perdido... abran la puerta, que no hay llaves que cierren la puerta a su futuro, ni imbécil que lo intente, pues esconde en el alma, la cadena que le falta a este ciclo sin fin, del que sólo soy agua que habrá de beber.
Dedicado a Camila, Joaquín y todos los niños que atesoran en su pecho, la esperanza de otro mundo posible...
Alcen las velas, leven las anclas, que duerme en mi pecho quien lleva en su alma, la penumbra del secreto, el carmesí de mis pupilas desveladas, el regalo de la vida, el tesoro perdido... abran la puerta, que no hay llaves que cierren la puerta a su futuro, ni imbécil que lo intente, pues esconde en el alma, la cadena que le falta a este ciclo sin fin, del que sólo soy agua que habrá de beber.
Dedicado a Camila, Joaquín y todos los niños que atesoran en su pecho, la esperanza de otro mundo posible...
miércoles, 9 de enero de 2013
Espasmos en el Tiempo
Cautivas el silencio, vacías de palabras mis anhelos e
inspiras mis sentidos con tu ausencia. Oximorón de lo que no me deja ser, de lo
que vierte sobre mí, el rocío de tu huida. Ingresan los claros del alba por la
ventana que lloró tu partida, y se estrellan contra mis ojos rotos que padecen
el desvelo que tiempo atrás me invitaba a un viaje por las colinas de tu
cuerpo.
La tormenta destiñe mis labios de
olvido mientras me cubro de nostalgia, debajo de las sábanas que son las
sierras y esta casa en la que quedaron tus huellas.
Los pasillos, llenos de vos y desafiantes, me regalan la miel, los escondites y el tesoro que escondimos, dentro de la caja de Pandora, aquí en Pehumayén. Y es el blanquinegro del pasado el que riega de cenizas el descontento, el lugar en el que te regalé mis horas.
Camino frente a la puerta de la habitación 109, y me río del sinsentido de nuestras discusiones tiempo atrás, y de la solución que fue tu beso para dejar quieta mi ciudad. Allí se ve tu sombra, tu ombligo, y tu vientre, donde soñé mis melodías…donde resguardé mil risas…donde bebí lo agrio de tu partida.
Y aunque sólo queda la arena del olvido que decanta entre mis manos como el agua en mi gotera, no me atormenta el horizonte que recorren tus pasos en éste momento… todavía estás sentada en aquel banco donde te regalé la primera luna llena bisiesta, con el roce y el abrazo que se colaban por la curva de tu espalda, donde dormía mi paz… todavía escucho tu voz susurrar a mi oído los versos, como latiguillos de un cineasta compulsivo, en los que rimaban tu amor y mi alma.
Y así, alejado de todo mal y toda gloria, mientras veo tus labios marcados en las copas rotas por las que rebalsan el vino y las rosas… mientras suspiro en la almohada la esencia de tus jazmines y deshojo su flor… apareces con tu sonrisa y confío menos en mi orgullo que en mi capacidad para olvidarte. Y mientras vos lees esto, mirando las llaves en tus manos, reposa una lágrima en tu mejilla, y te preguntas “qué estoy haciendo?”…yo me pregunto… “Te dije hoy que te quiero?”.
Los pasillos, llenos de vos y desafiantes, me regalan la miel, los escondites y el tesoro que escondimos, dentro de la caja de Pandora, aquí en Pehumayén. Y es el blanquinegro del pasado el que riega de cenizas el descontento, el lugar en el que te regalé mis horas.
Camino frente a la puerta de la habitación 109, y me río del sinsentido de nuestras discusiones tiempo atrás, y de la solución que fue tu beso para dejar quieta mi ciudad. Allí se ve tu sombra, tu ombligo, y tu vientre, donde soñé mis melodías…donde resguardé mil risas…donde bebí lo agrio de tu partida.
Y aunque sólo queda la arena del olvido que decanta entre mis manos como el agua en mi gotera, no me atormenta el horizonte que recorren tus pasos en éste momento… todavía estás sentada en aquel banco donde te regalé la primera luna llena bisiesta, con el roce y el abrazo que se colaban por la curva de tu espalda, donde dormía mi paz… todavía escucho tu voz susurrar a mi oído los versos, como latiguillos de un cineasta compulsivo, en los que rimaban tu amor y mi alma.
Y así, alejado de todo mal y toda gloria, mientras veo tus labios marcados en las copas rotas por las que rebalsan el vino y las rosas… mientras suspiro en la almohada la esencia de tus jazmines y deshojo su flor… apareces con tu sonrisa y confío menos en mi orgullo que en mi capacidad para olvidarte. Y mientras vos lees esto, mirando las llaves en tus manos, reposa una lágrima en tu mejilla, y te preguntas “qué estoy haciendo?”…yo me pregunto… “Te dije hoy que te quiero?”.
jueves, 3 de enero de 2013
Qué Prefiero No Decir... Qué No Dejo de Pensar
La encontré a orillas de una barra, cuando todavía le
quedaban algunos días a sus primaveras. Iluminaba con sus ojos el opaco de la
sala y su multitud, que cada vez que la miraba, como yo, debía hacer una reverencia,
y contener el frío aliento del desconsuelo al que desafiaba con su sonrisa. Acariciaba entre sus manos, mi
curiosidad y su vaso, en el que vertía sus congojas arrabaleras, dudas flotantes, un mensaje o un bostezo,
bajo cualquiera de las gotas de luz con las que resplandecía su rostro.
De toda
la colmena, ella era la más bella… la abeja reina a la que todos dedicaban su
atención, dispuestos a correr el riesgo de que nos clave el aguijón que fue el
beso que le soñé, aunque eso costara la muerte. Mi desvelo fue consecuencia de
su encanto, y sumido en el cambalache de su blusa, fue mi condena, pensar qué
decir, y qué callar…
Así,
fui recorriendo las horas y mis anhelos, los restos de penumbra que quedaban
cuando ella cerraba sus ojos, y mil besos que imaginé y descansaban recostados
en sus hombros desnudos que se podían divisar cuando su larga cabellera lo permitía…
y su nombre…su nombre fue un misterio, un enigma que temía descifrar y preferí
no saber, para no alterar la imagen que regalaba la noche, y tanto disfrutaba
ver…y sin nada que perder e ignorante de lo que hube de ganar, deje que se
marchara con una pequeña parte de mí…
Protagonista
de los pensamientos que se cuelan hoy en la copa por la que se precipita este
verano, ella siquiera supo de mí. Pero sigo imaginando sus labios de miel,
saciando mi sed; sus uñas carmesí viajando por mi mejilla; el perfume en su
cuello, que trazaba el mapa al País de Nunca Jamás y creí haber sentido, al
pasar a su lado. Vestigios de su cruce por mi camino, del que ella fue ajena y
sólo conservo un sabor amargo por su fugacidad, teñido en tonos sepia.
“La noche debilita los corazones…” y a
veces esconde en lo profundo de su oscuridad, sonrisas que rescatarían a
cualquiera de las ruinas a las que nos empuja las penas de la soledad… No
conocí a esta muchacha, ni ella sabe quién soy... Sin embargo endulzo con el
recuerdo de su sonrisa tímida al bajar su cabeza tras el cruce de miradas, y su
forma de bailar para quitarle la tristeza a mi ciudad, el café que bebo en su
memoria, mientras muevo despacito la cuchara, y veo hacia afuera del bar, con
la esperanza que ella aparezca del otro lado de la ventana una vez más…
martes, 1 de enero de 2013
Paladines de un Nuevo Comienzo... Siguiendo el Sueño de los Hombres Despiertos
Al momento de leer esto, quizás ya habremos dado inicio a un
nuevo año, a una nueva etapa… quizás habremos dado lugar a algunos cierres (sólo
algunos por ahora), y otros tantos comienzos. “Nunca es tarde para volver a nacer” uno puede escuchar, en casi las
7.000 lenguas que se hablan sobre la esfera y que nos unen, como en la Torre de
Babel, al enfrentamiento de conclusiones y decisiones por tomar, a esa
incertidumbre de la que todo porvenir se alimenta, esa que nos reúne aquí, a
vos y a mí, de nuevo, entre copas, buscando otro pensamiento, en la borra, en
la cereza al final de la copa, en la última burbuja que no se ha colado por el
vaso.
Son
batallas contra los temporales de pleno invierno, o los calores a los que nos
somete el verano, los espacios en los que puedo ver tus manos, fuertes ramas
que empujan hacia adelante este presente que nos pinta de preguntas la puerta
de la casa que nos lleva a un sinfín de senderos en los que habremos de caminar.
Desde pequeño
creí que grandes pensamientos que hoy arden en las velas de la sala en la que
compartimos esta taza, esta copa, han tenido su principal origen en la antigua
Grecia, o al menos, muchos de ellos. “Somos
lo que hacemos día a día”, es una de las tantas máximas sobre las que se
erigía el espíritu de la época.
Ser lo
que hacemos a diario, no es más que asumir la responsabilidad sobre nosotros de
vivir nuestra vida, asumir el reto de vivir. Y en este momento, en que las
elecciones una vez más, nos hacen paladines de la esperanza que empuja nuestro
corazón hacia la incertidumbre, hacia el cambio para un nuevo mundo posible, es
que debemos aprender a jugar este juego
que llamamos vida… Fácil es jugar sabiendo que vas a ganar, pero en la vida, es
necesario asumir el riesgo y la posibilidad de perder, y eso lejos de hacernos
débiles, nos hace más humanos.
Es la esperanza,
lo que Aristóteles llamaba “El Sueño de
Los Hombres Despiertos”, aquella sobre la cuál depositamos nuestros anhelos
más profundos, sobre lo que esconde el porvenir, lo que nos invita a tomar decisiones
sobre los caminos por recorrer. El futuro sólo es un parpadeo, y tus ojos son
más bellos que nunca a la luz del sol de un nuevo mañana, sabiendo que
despertar no será en vano, que toda la vida es ahora, que siempre es todavía, que tenes la espada para combatir la adversidad, y
que sos el paladín que atesora y resguarda el tesoro que es la esperanza, tu
corazón…tus ideas.
Mientras
que sospecho dudoso si la noche me regalará su lluvia y tu beso, dejo el
paraguas para que la llovizna abrace mis sueños, mientras le digo al mozo… “cierre la cuenta…hoy, empezamos de cero…”.
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