¿Qué hacer cuando el mundo gira y tu estas pausado en un instante, perplejo sin mesura, con instinto entre las venas, con los dedos inmóviles? ¿Qué hacer cuando el reloj llora sus horas, y el paso del tiempo es un látigo hostigante, y el calendario se ríe de tí?
¿Qué hacer cuando ese tiempo se detiene y toda la vida es ese segundo, y el fulgor de tu pecho no es otra cosa que una bala desprende sus metrallas en el fondo donde sólo hay eco?
Postales de la noche y de un deseo de que su risa sea tu verano y naufragar en la playa de su boca, ver el atardecer en su rostro... la fantástica sensación de sus ojos durmiendo.
El mundo cabe en la palma de su mano y la vida es todo en ese instante, y así como viene se va. Lo efímero es un bufón y tú su juguete preferido...
¿Dónde hacen casta las olas esta noche? ¿De dónde sale este invierno de Enero? ¿Dónde quedan las tertulias vespertinas donde el sol sus hombros y el horizonte se clavaba en su mejilla?
Ya no huele su perfume, ya no espera ese milagro. Ya no se acuestan en la luna a contar las pecas de sus hijos por nacer, ya no hablan de rincones sin conocer. Ya no habrá quien repose sobre ella sus últimos vestigios de energía, luego de un arduo día laboral. Ya no habrá quien la contenga y la escucha cuando solo quiera gritar. Sólo habrá tan solo un ella, y aunque ya no piense en él, él la seguirá cuidando, aunque no la pueda ver.
Y quizás, cuando la tormenta se disipe, y la cúpula le regale una estrella fugaz, entenderá que tal vez no fue para tanto, y podrá ver la risa del hombre allí en el cielo, donde él escuchaba nombrar siempre su nombre.
Que todas las noches sean noches de bodas, y que todas las lunas, sean lunas de miel...
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