jueves, 31 de diciembre de 2015

De Villancicos y Deseos

      Bebo sorbo a sorbo cada uno de estos segundos que decantan y se precipitan por la copa de vino que es este año. El calendario se burla de nosotros y deshoja cada pétalo que le queda... sin atenuantes... sin mareos.
      Desalambrar las postales de esta vuelta al sol, armar el rompecabezas del futuro... saltar al vacío... romper el silencio del acantilado... soñar con tu beso.
      Y este cielo Cordobés aún llora el luto del que parte. Siente en sus venas al ángel del Mar Egeo, y se resiste a ser alfil en la partida de ajedrez que protagonizan los abogados de Oriente y Occidente; cómplice de los desencuentros; o a vestirse de cenizas cada vez que una pena se lo exija.
      Y yo, que aún no se nada, o casi nada de la vida, tropiezo mi paso al andar los vaivenes de estos últimos 365 amaneceres. No sé qué se desprende del alma luego del último suspiro de ardor que queda en el pecho, en el instante fatal de un ataque de pánico... no sé cuánto durará ese segundo.
      No se hacía donde van las aves que se regocijan con tu paso, tu sonrisa y tu canto, y emprenden vuelo incesante, ajeno, distante... No se cuál será hoy mi último bostezo, o si ya habremos tenido nuestro último abrazo. Si recuerdas mi color favorito, o si aún tiemblas desangrando las angustias del mundo... No sé si suspiras mirando el reloj, la luna, la lluvia o un libro... y de tanto no saber, seguro algo habré aprendido.
      Pasarán cinco años desde que nos conocimos, y pasarán cinco millones de minutos de la última vez que nos vimos. Cambiaré la piel, y tus manos abrazando mis dedos seguirán dándole sentido a mi universo... a ti seguirá molestándote que te despierten, a mi seguirá desvelándome tu sueño.
      Aprendí que es de cobarde arrepentirse de lo que no se ha hecho; que un café puede ser tan grande como una ilusión; que jamás estará mal perder un pleno por amor... y que no hay mejor apuesta que la que se hace por uno mismo. Que simplemente coincidir en tiempo y espacio, me hace estúpidamente feliz.
      Aprendí que hay un resorte, allí en el abismo al que caemos, cada vez que la felicidad se toma vacaciones, para llegar renovada, comprendiendo que "para conseguir lo conseguido, hubo que soportar lo soportado". Que si llegamos a esta altura, todo a sido necesario, y que mañana será una nueva oportunidad...
      Por eso me permito, estimado lector, querida lectora... sugerirle que no se aborde a la misión imposible de abstenerse de sufrir, sin saber que detrás hay una sonrisa insoslayable, aguardando impaciente, a que amanezcas esta mañana, con todo el futuro en tus manos... y que cada día te acerque, allí donde quieras llegar.
        

No hay comentarios:

Publicar un comentario