domingo, 12 de julio de 2015

Tarde O Temprano

      Tarde o temprano abriré mis ojos... escucharé el reloj despertador; la luz del alba ingresará por mi ventana, impactará de lleno sobre mi rostro y quemará mis mejillas... Tarde o temprano la leña se hará cenizas.
      Tarde o temprano me miraré al espejo... aparecerán nuevos blancos en mi cabello; mi piel se habrá arrugado, secado y resquebrajado; no sabré contener el aliento; caminaré lento... pausado. Tarde o temprano habré desayunado.
      Tarde o temprano vestiré mis zapatos, mi camisa favorita, mis lentes y mi costumbre. Andaré las mismas calles, cruzaré los mismos rostros, y me enfrentaré al vendaval de coches y cláxones que reviste lo cotidiano. Perderé el tiempo, el tren y mi vuelo. Tarde o temprano frunciré el ceño. 
      Tarde o temprano claudicaré ante la monotonía, la inercia y la entropía. Las pulsaciones, la ceguera, la afonía. La agenda, el té de las cinco, el whisky escocés, la salida. Tarde o temprano levantaré la vista.
      Tarde o temprano nos encontraremos frente a frente... lo prometo, es sentencia: tarde o temprano lo haremos, y nos quedaremos mudos... como ante esas cosas para las que nunca se está preparado. Tarde o temprano nos miraremos, y será inevitable, como la fuerza inútil de la última gota reacia a caer de una hoja.
      Tarde o temprano estaremos frente a frente y será inaudito. La primavera brillará en tu piel, y la vida en tus ojos color caramelo. Las calles se vestirán con los versos que te debo; y tu estarás cansada... como tus alas de tu blusa... como tus pies del suelo. Tarde o temprano emprenderás el vuelo.
      Tarde o temprano seguiré con mi vida, el reloj marcará las doce, y yo habré aplazado varias veces el último trago. Estaré más viejo y se cerrarán mis ojos... inventaré tu nombre, rumiaré tu sonrisa... Tarde o temprano nos cruzaremos de nuevo... y me atreveré a hablarte.  

lunes, 6 de julio de 2015

Pernoctar In Momentum

      Me acalambra el silencio y provoca una sonrisa... resquiebra mi alma y me funde en el suelo... se estrellan en mi copa de vino, las negras, corcheas y silencios del piano; tu beso, tu aire... tu visita.
      Divorcio oscilante, nuestras manos más distantes que dos mesas de luz... de tu risa devoto y de sus efectos ignoto. La pregunta reinante, la respuesta irreverente; la revolución tan lejana... la promesa, la palabra, como espada, envainada... el miedo, cobarde.
      Referendum vetado, el corazón llamado a jugar con el lobo. ¿La salida o la entrada? El banco de los acusados... medicamento recetado: los ojos cerrados, prospecto en resguardo, en el corazón de Etiopia.
      Primavera otoñal en la aurora boreal de tus ojos. Qué tan distinta es tu piel de mis sienes, qué tan infames las noches si bebes. Que tan despacio es el tiempo si quieres. Que tan cercanos tu y yo si me hieres...
      Y es que he soñado tantas veces mujer con tenerla... sin quererla, sin verla, sin conocerle...
      Y no es otro ese sueño más que el del remanso tibio de sus labios... letargo fantástico a contraluz equidistante.
      Y es que es tan fantástico saber mujer que existe, tanto como saber que respiro, y que sueña, o que quizás con  un suspiro, algo profundo...me despierta.