Cualquier intento de poner en palabras la falta que le hacen tus manos a mi piel, tus dedos a los míos, tus ojos a mi corazón, y tu risa a mis pulmones, es insuficiente. Y cuando el sol se apaga, y el segundero es un cuentagotas, el cielo susurra tu nombre a mi oído, y tiemblan hasta mis uñas.
El vacío se clava en mi almohada y la luna me cuenta historias de vos... de nosotros. Me cuelgo por la trenza de tu pelo hacia la torre donde duermes, sólo para verte ahí y traerme algo de paz de regreso. Despierto sin tus latidos marcando mi pulso. Cansado y sin aliento. Sabiendo que aún existes y que todo empieza y termina en vos.
Los dioses aclaman tu nombre y yo desayuno tu ausencia. Mi paso aletargado se esfuma de mí, para colarse en el colectivo camino hacia tu trabajo. Mi alma se escapa para esconderse en una de tus pestañas, de esas que esperan caer a la comisura de tus labios, camuflarse con el viento y besarte despacio.
Yo escribo estas palabras vespertinas, y aunque acechen los lobos, y vos Caperucita, juegues en el bosque, me seguiré vistiendo de leñador para llenar de calor la hoguera de la sala... donde sólo encuentro tu nombre, tu beso lejano, mi calma perdida, las melodías de la noche, y las estrellas que nos trajimos de aquellos paseos nocturnos.
Te acercas silenciosa, y me cubres con tu sombra. Me cobijas en tus brazos y finalmente concilian el sueño todos los pensamientos rumiantes, haces dormir a la fiera, y tus manos son jardines de margaritas en que se mece mi espalda... Acomodas tu cabeza a los recovecos de mi pecho, y despides el último suspiro de vigilia. Yo me entrego a la fiesta de tu pelo. La vida es todo en cada instante, en que te haces dueña y protagonista de mis anhelos.
Luchas, tormentos, anocheceres y amaneceres inconclusos, desvelos, erices o néctares de lo dulce y difícil que es vivir, son los que comparto a continuación. Como aquellos que leyeron su porvenir en la Borra, a veces miramos el fondo del vaso o de la taza, con la esperanza de encontrar allí aquello que perdimos, aquello que anhelamos encontrar, la clave para vivir, o simplemente algo que pueda darnos una respuesta a eso que nos aqueja, pero que sin duda significa asumir el riesgo de vivir…
jueves, 29 de enero de 2015
lunes, 26 de enero de 2015
¿Qué Hacer?
¿Qué hacer cuando el mundo gira y tu estas pausado en un instante, perplejo sin mesura, con instinto entre las venas, con los dedos inmóviles? ¿Qué hacer cuando el reloj llora sus horas, y el paso del tiempo es un látigo hostigante, y el calendario se ríe de tí?
¿Qué hacer cuando ese tiempo se detiene y toda la vida es ese segundo, y el fulgor de tu pecho no es otra cosa que una bala desprende sus metrallas en el fondo donde sólo hay eco?
Postales de la noche y de un deseo de que su risa sea tu verano y naufragar en la playa de su boca, ver el atardecer en su rostro... la fantástica sensación de sus ojos durmiendo.
El mundo cabe en la palma de su mano y la vida es todo en ese instante, y así como viene se va. Lo efímero es un bufón y tú su juguete preferido...
¿Dónde hacen casta las olas esta noche? ¿De dónde sale este invierno de Enero? ¿Dónde quedan las tertulias vespertinas donde el sol sus hombros y el horizonte se clavaba en su mejilla?
Ya no huele su perfume, ya no espera ese milagro. Ya no se acuestan en la luna a contar las pecas de sus hijos por nacer, ya no hablan de rincones sin conocer. Ya no habrá quien repose sobre ella sus últimos vestigios de energía, luego de un arduo día laboral. Ya no habrá quien la contenga y la escucha cuando solo quiera gritar. Sólo habrá tan solo un ella, y aunque ya no piense en él, él la seguirá cuidando, aunque no la pueda ver.
Y quizás, cuando la tormenta se disipe, y la cúpula le regale una estrella fugaz, entenderá que tal vez no fue para tanto, y podrá ver la risa del hombre allí en el cielo, donde él escuchaba nombrar siempre su nombre.
Que todas las noches sean noches de bodas, y que todas las lunas, sean lunas de miel...
¿Qué hacer cuando ese tiempo se detiene y toda la vida es ese segundo, y el fulgor de tu pecho no es otra cosa que una bala desprende sus metrallas en el fondo donde sólo hay eco?
Postales de la noche y de un deseo de que su risa sea tu verano y naufragar en la playa de su boca, ver el atardecer en su rostro... la fantástica sensación de sus ojos durmiendo.
El mundo cabe en la palma de su mano y la vida es todo en ese instante, y así como viene se va. Lo efímero es un bufón y tú su juguete preferido...
¿Dónde hacen casta las olas esta noche? ¿De dónde sale este invierno de Enero? ¿Dónde quedan las tertulias vespertinas donde el sol sus hombros y el horizonte se clavaba en su mejilla?
Ya no huele su perfume, ya no espera ese milagro. Ya no se acuestan en la luna a contar las pecas de sus hijos por nacer, ya no hablan de rincones sin conocer. Ya no habrá quien repose sobre ella sus últimos vestigios de energía, luego de un arduo día laboral. Ya no habrá quien la contenga y la escucha cuando solo quiera gritar. Sólo habrá tan solo un ella, y aunque ya no piense en él, él la seguirá cuidando, aunque no la pueda ver.
Y quizás, cuando la tormenta se disipe, y la cúpula le regale una estrella fugaz, entenderá que tal vez no fue para tanto, y podrá ver la risa del hombre allí en el cielo, donde él escuchaba nombrar siempre su nombre.
Que todas las noches sean noches de bodas, y que todas las lunas, sean lunas de miel...
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