Hasta entonces, pocos asuntos me significaron enigmáticos. Pocos aspectos de la vida se reservaron mi atención. A pocas aristas del día les percaté el detalle, su cromos o su odeurs. No busco que se me entienda ni justifique, y perdone mi recelo o apatía... es que aún observo el horizonte estupefacto.
Sepa usted... realizo este mismo trayecto camino al trabajo hace tres años. Siempre me senté en el último vagón del tren porque no recibía sacudones. Me subo en la primera y bajo en la última estación. Entonces no hay motivo alguno por el cual me guste despertarme en el trayecto. Además, y perdón por sonar un poco cachafai, pero tampoco me gusta recibir un empujón de los despreocupados que caminan el pasillo apurados por bajar.
Todo eso cambió hace un mes. Y si antes era distraído, ahora lo soy peor. Es que todos los couleurs los tiene la chica de los libros. No me mire así! La chica que cada semana empezaba uno nuevo. Que se recuesta con su pelo largo y rubio del lado de la ventana que da al lago, pone una manta sobre su regazo y se pone a leer el libro de turno. Y créame... hace sentir como si Dickens, Poe, Allende, Hemingway se pelearan por estar ahí. Un salto de espada, un golpe de ballesta o de un beso es cada uno de los gestos que realiza cuando cambia una página y ese cambio de página es un cambio de capítulo, y el cambio de capítulo un cambio de animo y yo boquiabierto vuelvo a tragar saliva.
Comenzó cuando vi un libro subir al vagón del medio, este del escritor brasilero del que hablan mucho, que te invita a encontrar el soul monde. Algo me decía que ella ya la había encontrado, sea lo que esto sea que signifique. Que habitaba este mundo por casualidades, que el que sea que juega al titiritero de este escenario, la puso de ese lado de la balanza para equilibrar injusticias, maldades, deshonras, deudas y desesperanza. Juro que vi al libro primero... c'est la vie.
Imaginé y soñé con Rapunsel y subir a su balcón, y salvarla del sueño eterno; pero el gallo del vecino es más un veneno para Capuletos y Montescos, que las alas de Icaro para salir de la isla. He estado listo para librar batallas en calabozos y contra dragones. Encontré en el espejo una imagen distinta a la que veía hace tiempo atrás. Podría jurar que hasta tengo un par de arrugas menos.
Pero perdone tanta perorata mi buen señor... es que me lo he guardado este tiempo, y juro que no lo creerá.
El caso es que hace dos semanas volví a subir en el mismo vagón, esperando que ella se sentara en el mismo asiento, lo cual hizo como alguien que necesita de sus rituales para sobrevivir, ya sabe... Había ya terminado Historias de Cronopios y Famas, de este muchacho inentendible, de otra época...incluso aún hoy... atemporal, cuyo nombre no me acuerdo. Ella lo leyó en una semana! Increíble... Devora libros como yo el pan de la mañana cuando luego de despertarme tarde, no llego a desayunar.
Así fue que esperaba ansioso saber cual era el próximo libro al que esperaría leer por sus emociones, sus expresiones y suspiros... Sin embargo apareció sin nada. Mas al dar carreta el motor del tren, ella saco de su bolsillo un pequeño papel.
Durante las últimas dos semanas, ella sacó el papel. No hubo libro. Pero sus expresiones seguían, y parecía una historia increíble. Sacaba ese trozo de madera procesada como si fuera un tesoro, lo desplegaba despacio, y se empañaban sus ojos, sus lentes y el mundo. Una lágrima calígula rodaba su rostro, y miraba el lago y yo intentaba diferenciar cuál tenía más agua. Y como un bipolar de la risa al llanto y del llanto a la risa, ella comenzaba a carcajadas que me contagiaban como si supiera exactamente de qué se reía. En esos momentos hasta me encontraba con la señora que se sienta frente a mi, mirándome como si fuera el más loco de toda la cuadrilla. Y quizás lo era, es que esta chica profesa adoración y encanto, y qué es eso entonces sin locura...
Así fue, sin hablarle, disfrutando su viaje desde el papel de espectador, durante dos semanas... hasta ayer. Creo que jamás podré olvidar lo que me dijo. Porque ya mi intriga se había apoderado de mis horas de descanso. Yo despertaba al gallo... Esperaba la salida del sol, al tren llegar...
Me acerqué a ella sabiéndome temblar la voz, la garganta, las piernas y el pecho. Ella por su puesto, estaba en trance, en ese instante risueña, y dispare mi intromisión. Entonces ella no hizo más que respirar hondo, soslayar un tibio suspiro con el que me dio permiso para sentarme a su lado y me prestó el papel. No sin antes dejar caer una lágrima sobre la hoja... solo entonces, leí:
"Carne con roquefort y nueces, al romero. Saltea en base de manteca ajo y puerro. Sella la carne y arroje romero. En papel aluminio, deja la carne y su jugo sobre una base de papas y cebollas, y corta dados de roquefort y nueces picadas. Echalos encima de la carne. Cierra el papel aluminio como un paquete... guardame un pedazo".
Eso despertaba tantas emociones en esa rubia alta, madura mujer que recibió mi interés cuando pude ver como disfrutaba sus libros. Pero parecía que al leer esto, muchas más emociones salían a flote. Quizás algunas que no se hayan inventado aún. Su transparente rostro parecía vivir ahí, en esa hora de viaje de tren, en el que yo era hasta ayer un mero espectador, y que al detenerse en la estación ella volvía a esconder en su bolsillo...en su alma.
No se de quien será la receta, a que lugar le hará viajar, que historias esconderá. Qué recuerdos atesora en su bolsillo, en 10 renglones, en un minuto de lectura, durante una hora de viaje. Creería que es importante, que lo estuvo esperando, que lo necesita ahí... y yo prefiero estar listo. Es por eso que estoy aquí hoy estimado amigo. No se ría. Quizás hoy me invite a comer.
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