Que calambre siento esta mañana...otra nueva mañana gris, en la que el terciopelo de tu piel solo es tinta en el periódico que se deslizó más temprano bajo la puerta. Tus zapatos no suenan en el puente hacia la Plaza Esmeralda, ni marcan huecos entre la gravilla del Jardín Botánico... tu sombra ya no tapa el sol entrando que entra por todas las ventanas de la ciudad.
Otoño invernal de rimel corrido. Lágrimas negras, pálidos rostros, de todos los colores. Tu silencio se hace grito en las gargantas que son banderas que visten las calles. Aquellas en que ayer corrías, en que bajabas la mirada, respirabas profundo o te refugiabas en tus auriculares cuando la pulsión escópica se hacía lasciva y verbal. Cuando los pasadizos del barrio se hacían más estrechos, y las sombras más oscuras.
Y a veces recuerdo los tiempos en que tu y tus hermanas coincidieron conmigo, en alguna esquina sollozante, en algún pasillo sin luz, luego del estrepitoso ingreso al edificio para escaparse del enésimo agravio de cláxones por tu paso.
Y si supieras mujer que ahí vamos andando en tu nombre, aquellos que rezábamos porque se detuviera el elevador atrapado contigo, sólo por la suerte de coincidir... y aquellos que para calmar tu temor, aceleramos el paso... aquellos que evitamos preguntarte dónde esta la parada del 22, y con los que sientes alivio al ver que nos alejamos.
Lo cierto mujer es que te quiero, y arde tu llama en nuestro pecho que es la vela que cargamos en alto con una mano, y con la inocencia de tu oso de peluche, en la otra. Soñando ser protagonista de La Dulce Carola, y poder abrazarte y decirte que lindo bailabas...que hermosa estabas.
Mientras cierro mis ojos y la nebulosa ahogada de repiqueteos da lugar a un oasis mental, al triste silencio, siento tu mano a mi lado...siento tu voz en mi oído...no te conocí, pero la paz me abraza... Saber que estamos juntos y somos uno más, pero nunca, nunca, nunca... #NiUnaMenos.