El otro día, mientras caía la tarde, cargando el dolor de cada lunes, contando las horas para que termine... ayudé a cruzar la acera a un viejito no vidente, que llevaba consigo unas prendas harapientas y tantas arrugas, como soledades había en la ciudad.
En un estrepitoso paso, al escapárseme un melódico canto de alguna canción que tarareaba y ahora no recuerdo... Walter, agarró fuerte mi mano, atrajo mi atención, y me preguntó: "¿Cómo es ella?". Atónito y confundido, respondí: "¿Cómo?"... y riéndose esta vez, guiño su pequeño ojo vacío de color, pero lleno de mirada, repitió... "¿Cómo es ella?.
"¿que cómo es ella me decís?... no sabría por donde comenzar" le dije. Sintió caer el tono de mi voz, sudar el hueco de mis manos, deshojar un agudo suspiro, y oyó...
"Quizás debería comenzar por sus piernas. Largas carreteras a la gloria, un camino sólo de ida. El refugio donde descansan mis sueños y pasiones. El reposo de los anhelos de todo infante, perturbado por la luz o el sueño...".
"Si llego a su espalda, el tiempo se para. Hago casta en su sacra, y muerdo el anzuelo de su sexo. Derramo mis nostalgias en su lumbar, y beso su cordillera posterior... donde nacen sus alas. Así, llego al ápice de sus hombros, donde desmorono mi cansancio, donde yacen los escombros del sistema, el desempleo y todas las preocupaciones que se desploman al percibir el dulce perfume de su cuello, que entumece mis sentidos, y me induce en un profundo estado de somnolencia."
"Sólo ahí.... sólo luego de ese instante... tengo permitido llegar a su mentón, donde nace el inconfundible arte de su rostro, donde se acelera su pulso, y su molotón se cuela entre mis manos, como un metrónomo suizo averiado. que marca semifusas en su ombligo. Voy cayendo hasta sus labios, y el viaje no tiene retorno. La comisura de su boca, desafía los instintos animales más intensos, más profundos. Y en su boca veo el cielo, la música y el idioma, éste mudo, del que hablan las profecías, mitologías y herejías. Todas nacen de su boca, y es su lengua, suave néctar agridulce, la que abre camino al sinuoso camino de su olfato...
Y cada canción es un jazmín en sus manos, y cada beso un jardín de madreselva naciendo en su boca; un campo de lavandas en su pelo...". No sabría bien cómo describirla a decir verdad... es que las sensaciones que genera el simple hecho de pensarla, entumecen mi conciencia, liberan la pasión con que se viste el verano, y riega de cristales de agua el desierto. Todo puente se tiende desde su risa, y lo ameno del mundo me parece absurdo... no se si me explico...".
Walter ríe, acerca sus manos a mis ojos, los cierra y me regala el color del silencio, el ruido de las olas, en plena avenida con semáforo intermitente. El autobús pasa a nuestro lado, me abraza y agradece lo gráfico de mi relato, y adhiere: "parece que piensa mucho en ella,..".
Nos fundimos en una carcajada cómplice, propia de una amistad de antaño, que por lo fortuito de las ciudades, se ha reencontrado; y le respondo: "...por eso, y por algunas cosas más, le dedico, en pensamiento, el tiempo que puedo... sólo un poco... 24 horas... porque usted vio, todo tiene un límite, y el mío es el comienzo de un nuevo día a su lado"...
Aún no he vuelto a ver a Walter, pero recuerdo su abrazo, su caricia y su gracia, alentando al futuro, respondiendo esta llamada, a la que acudo cada día, a tu lado... aunque lejos.