lunes, 18 de agosto de 2014

Oximorón

     Arde este invierno y contemplo tu partida,
como la realidad no coincidente con lo prometido, 
como la vereda vacía donde antes te sentabas,
como las manos temerosas del futuro.
     Lo eterno cruza la calle, y espera sentado en un banco, 
tu relato es signo y diamante, 
los detalles, el karma de Funes, 
nuestro beso, otro cuento borgeano.
     Llega a mí como siempre, desde lejos, 
el halo de tu risa, tu sonrisa y su caricia para mi alma, 
desde lejos tu mirada, ese abrazo tan sentido. 
     Llego a ti como un recuerdo, un amor y un suspiro;
un arrebato de nostalgia y la huida,
un poco de Ginebra en esta taza,
una herida necesaria para este Nudo Borromeo.
     Un beso se despide: sigiloso, tímido y silencioso,
se reposa en la frontera de tu boca,
en la comisura de tu sonrisa, 
en los aposentos de tu voz, 
en lo colorado de tu mejilla.
      Como lo absurdo en la distancia, 
como lo imposible en lo real, 
aflora de oximorones esta casa,
donde se aloja tu encuentro con el mar.